4. Ideología, valores bolivarianos y revolucionarios




4.          IDEOLOGÍA,  VALORES BOLIVARIANOS, REVOLUCIONARIOS
        6 Horas

PROCESOS DE CAMBIO ÉTICO, EJERCICIO  DE ELABORACIÓN DE PRINCIPIOS Y VALORES PARA EL SOCIALISMO EN ÓRGANOS DEL ESTADO BOLIVARIANO.


“Hay que continuar incrementando la calidad de vida y el desarrollo
Social en los años venideros; seguir apuntando nuestros planes de crecimiento
Productivo, mucho más allá del mero crecimiento de las variables macro
Económico. Se trata del crecimiento productivo y del desarrollo económico
Que lleva implícito el desarrollo social, en el marco de nuestro propio proyecto
Rumbo al socialismo del siglo XXI, porque hacia allá es que vamos”.


Cmte. Hugo Rafael Chávez Fría.   

  • Lectura recomendada: “Ética y Moral: teorías y principios”
  • Ejercicio: Examen del Preámbulo y de los artículos 1 a 9 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.
  • Ejercicio Grupal sobre los conceptos manejados, entrega de producto (escrito).
  • Lectura y ejercicio con material: “Consejos de Don Quijote a Sancho”; “Sobre el Hombre Nuevo (Ernesto Ché Guevara), Úselo y tírelo y otros materiales.
  • Ejercicio Nº 4 Principios y Valores Bolivarianos y Revolucionarios.
  • Elaboración de propuesta para iniciar el proceso de cambio Ético en la Fundación Escuela de Gerencia Social (FEGS) y/o las Organizaciones presentes en el taller.
  • Determinación de actividades y organizaciones de promoción, desarrollo y consolidación de la nueva Ética. ¿Cómo asegurar que la Ética se convierta en Eje Transversal?
  • Ponencias por Grupos de Trabajo.



EJERCICIO Nº. 4
Principios y Valores Bolivarianos
El pueblo de Venezuela en ejercicio de su soberanía ha proclamado democráticamente una Constitución (1999) para refundar la República sobre una nueva concepción de vida. En su Preámbulo y primeros nueve artículos quedó plasmado el componente Ético de los revolucionarios bolivarianos.
El ejercicio a realizar consiste en extraer del texto constitucional mencionado los Principios y Valores. Los grupos de trabajo harán la discusión correspondiente e irán anotando el fruto de su reflexión.

PRINCIPIOS
VALORES
1.







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MI PARTE
En la fábula moderna, el bosque se incendia. Antes de huir, la estampida se detiene un segundo para contemplar al colibrí que retorna del río con una gota de agua de agua sobre el pico.
-¿Qué locura haces? –preguntó la jirafa.
Mientras seguía volando hacia la raíz del fuego, respondió el pequeñísimo colibrí:
Mi Parte
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Se desconoce la fábula original y su autor. Esta es la versión de Gabriel González en su libro “El Manual del Dirigente”, tomada por él de otra que escuchó a un docente español. Pág. 5.
PREGUNTAS DE CONTROL DE ACCESO AL CONOCIMIENTO
¿ÉTICA Y/O ECONOMÍA POLÍTICA? EN LOS APUNTES CRÍTICOS DEL CHE GUEVARA*
Autor; Néstor Kohan
(Argentina)
¿Ética romántica contra el marxismo?
            En la historia del socialismo mundial pocos revolucionarios han sido tan admirados y queridos como el Che Guevara. Hasta en el último rincón del mundo su figura es convocada para acompañar las rebeldías más diversas. No obstante este atractivo, creciente año tras año, el Che ha generado al mismo tiempo desprecios, odios, sospechas y condenas. No sólo entre sus enemigos históricos —el imperialismo norteamericano y las burguesías locales de América Latina— sino también en las propias filas del movimiento socialista.
            Entre estos últimos desprecios y condenas, los más célebres han girado en torno a las acusaciones de “idealista”, “subjetivista”, “aventurero” y, fundamentalmente, “romántico”. Sí, romántico. Desde las catedrales socialdemócratas hasta las stalinistas, sin olvidarnos tampoco de algunos exponentes maoístas, trotskistas e incluso de la autodenominada “izquierda nacional” argentina, más de una vez el Che Guevara ha sido rechazado por su “romanticismo”. Sospechoso por no poder ser encasillado en ninguna de estas cristalizaciones y “ortodoxias” y, además, por haber hablado y escrito en voz alta sobre los problemas prácticos y teóricos de la revolución y el socialismo desde un país del Tercer Mundo, el mensaje rebelde de Guevara debió soportar durante demasiado tiempo la incomprensión y el silencio sistemático. Se lo respetaba, sí, y se lo llegaba a admitir en el panteón socialista, pero sólo a condición de prescindir de su radicalidad política y congelarlo como un mártir. Su supuesta “ingenuidad política” —aquella que lo alejaba de la realpolitik, la razón de estado, el pragmatismo y el oportunismo— era el pasaporte ideológico que lo disculpaba ante funcionarios y burócratas institucionales.
            Según esta versión ampliamente difundida en las biografías mercantiles que hoy inundan shoppings y supermercados, su romanticismo ético correría parejo con su ignorancia y desconocimiento de la teoría marxista.
            Por vías tan distintas pero convergentes —las del mercado y la burocracia. la herejía comunista radical de Guevara intentó ser ocultada o, al menos, neutralizada. Dentro de las muchas aristas que nutrieron ese proceso de lucha ideológica dirigido a aplacar el corazón libertario del marxismo revolucionario merece destacarse el vínculo entre ética comunista y crítica de la economía política en el pensamiento del Che Guevara.
¿Ética y/o economía política?
            En la mayor parte de las críticas al Che Guevara, supuestamente “ortodoxas”, reaparece, una y otra vez, la misma hipótesis. El Che sobredimensionaría la ética (y los problemas de la subjetividad a ella asociados) por desconocer la primacía histórica de las “leyes económicas objetivas”. Este desconocimiento se debería —siempre para esta versión vulgar de su pensamiento— a  dos razones: (a) su voluntarismo y (b) su ignorancia de la economía en tanto ciencia positiva.
            ¿Cuál es el presupuesto básico subyacente que premoldea este tipo de hipótesis de lectura? Pues que en la visión marxista de la sociedad sería posible escindir la objetividad de la subjetividad, la economía de la política, el “imparable desarrollo de las fuerzas productivas” de la lucha de clases. Para expresarlo en el lenguaje del joven Lukács o de Antonio Gramsci, el objeto del sujeto.
            Como la mayoría de los ataques contra el Che (provenientes de diversas ortodoxias, hoy alicaídas pero sobrevivientes) destacaban el voluntarismo y el romanticismo de Guevara por sobre su concepción de la historia y la sociedad, bien valdría la pena detenernos en esta última  dimensión de su pensamiento para poder calibrar con seriedad el lugar teórico central que en él juega la ética.
            Lejos de cualquier “ignorancia” en materia económica o de cualquier desconocimiento en cuestiones científicas, el ángulo prioritario y central que el Che Guevara otorga a la ética, a la satisfacción por el deber cumplido y su reconocimiento social como mayor estímulo moral, a la creación permanente del hombre y la mujer nuevos, a la subjetividad y la conciencia comunista, se asienta en un detallado y obsesivo estudio de la concepción materialista de la historia y de la crítica marxista de la economía política (sobre los estudios sistemáticos de Guevara véase nuestra entrevista a Orlando Borrego: “Che Guevara lector de El Capital”).
            La concepción general del marxismo del Che abarca una singular interpretación de la concepción materialista de la historia aplicada a la transición socialista, pasando por un modelo teórico que enseña el funcionamiento y desarrollo de la economía de un país que pretende construir relaciones sociales distintas del Capitalismo hasta llegar a una serie de realizaciones prácticas, coherentes entre sí, de política económica. Los niveles de la reflexión del Che acerca de esa concepción general giran en torno a dos problemas fundamentales. En primer lugar: ¿es posible y legítima la existencia de una economía política de la transición? En segundo lugar: ¿qué política económica se necesita para la transición socialista? Las respuestas para estos dos interrogantes que se formula el Che permanecen abiertas, aún hoy en día, cuarenta años después. No sólo para el caso específico de Cuba sino también para todos los marxistas a nivel mundial.
            Intentando dar respuestas a esas inquietantes preguntas, el Che elaboró un pensamiento sistemático de alcance universal (no reducido a la situación cubana, como sugerían algunos soviéticos, argumentando la trivialidad de que “Cuba es un país  pequeño, mientras la URSS es un país grande”, como si eso demostrara algo en el terreno científico de la economía política), estructurado en diversos niveles.
            Si desagregamos metodológicamente su reflexión teórica, el Che nos dejó:
a.         una reflexión de largo aliento sobre la concepción materialista de la historia, pensada desde un horizonte crítico del determinismo y de todo evolucionismo mecánico entre fuerzas productivas y relaciones sociales de producción;
b.        un análisis crítico de la economía política (tanto de los modelos capitalistas desarrollistas sobre la modernización que por entonces pululaban de la mano de la Alianza para el Progreso y la CEPAL como de aquellos otros consagrados como oficiales en el “socialismo real”, adoptados institucionalmente en la URSS);
c.         un pormenorizado sistema teórico de política económica, de gestión, planificación y control para la transición socialista: el Sistema Presupuestario de Financiamiento (SPF).
            En la reflexión del Che Guevara, tanto (a), como (b) y (c) están estructurados sobre un subsuelo común. Los tres niveles de análisis (que en él fueron al mismo tiempo práctica cotidiana, no sólo discurso teórico) se enmarcan sobre un horizonte que los engloba y a partir del cual adquieren plenitud de sentido. Ese gran horizonte presupuesto es el proyecto político del Che: para continuar con la enumeración previa, podríamos bautizarlo aleatoriamente como nivel (d).
            Es entonces (d), el proyecto político del Che, antiimperialista y anticapitalista, de alcance mundial y no reducido a la revolución cubana, el que nos permite inteligir la racionalidad de (a), (b) y (c). Para el Che Guevara, sin proyecto político no tiene sentido entablar discusiones bizantinas y meramente académicas sobre la concepción materialista de la historia. Sin proyecto político, no vale la pena esforzarse por cuestionar los modelos económicos falsamente “científicos” que obstaculizan el desarrollo del pensamiento crítico acerca de las relaciones sociales. Sin proyecto político, carece igualmente de sentido cualquier debate en  torno a las diversas vías posibles de política económica durante el período de transición al socialismo en una revolución anticapitalista del Tercer Mundo subdesarrollado y dependiente. Como también le sucedió a Marx y a sus mejores discípulos, en el Che es la praxis política la que motoriza la reflexión teórica, incluso cuando se interna por los más escarpados y abstractos vericuetos de la teoría marxista del valor.
            La raíz última de esa concepción general (incluyendo desde (a) hasta (d)) es, precisamente, una visión ética y antropológica del ser humano como criatura inacabada y en proceso permanente de (auto) superación. Tomando en cuenta que la pregunta central de la ética filosófica —por lo menos desde los griegos hasta Kant— ha girado en torno al interrogante sobre “¿qué debo hacer?”, la reflexión ética guevarista intenta responderlo desde la filosofía de la praxis. Para el Che el deber moral no es una norma universal y vacía, sino un mandato histórico y social que emerge de la lucha de clases y de los valores construidos en su compleja dinámica. Quizás uno de los textos más expresivos, en este sentido, sea su inigualable discurso “¿Qué debe ser un joven comunista?”.
            Como sus reflexiones en torno a la enajenación (en tanto principal obstáculo para la creación de una nueva sociedad), al hombre nuevo y a los estímulos morales han sido largamente transitados y son ampliamente conocidos, en este escrito focalizaremos el análisis en el otro polo de la ecuación que articula junto a la política el conjunto del pensamiento teórico del Che: su crítica de la economía política. Este aspecto resulta muchísimo menos estudiado. Además, allí se encuentra el talón de Aquiles de las impugnaciones antiguevaristas, tanto las que beben de las antiguas ortodoxias como aquellas que se nutren últimamente de las biografías mercantiles. Sólo indagando en esa perspectiva del pensamiento de Che se podrá alcanzar una idea plenamente acabada de la dimensión ética que tiñe su cosmovisión totalizante del comunismo como “hecho de conciencia” y como “moral revolucionaria”.
            Si durante años debimos reconstruir de manera indirecta su concepción crítica de la economía política a partir de las actas de las reuniones del Ministerio de Industrias y de sus artículos en “el gran debate” de los años 1963 y 1964 sobre la concepción del valor, el cálculo económico y el sistema presupuestario de financiamiento, hoy contamos con una fuente directa de valor incalculable sus Apuntes críticos a la Economía Política.
            Los planes de estudio para la crítica de la economía política
Estas notas de Guevara aportan una dimensión escasamente transitada y atendida: su pensamiento en el terreno específico de la economía política. Aquí aparece, en primer plano, lo que siempre se supuso: sus críticas abiertas y contundentes al camino emprendido por la Unión Soviética para construir el socialismo.
            Los Apuntes críticos a la Economía Política, al igual que la carta enviada desde Tanzania a Armando Hart Dávalos en diciembre de 1965, permiten indagar en la búsqueda teórica del Che. Una búsqueda “madura”, si se tiene en cuenta su corta y afiebrada vida. Ambos textos condensan planes de estudios, ya sea sobre filosofía –en la carta de Tanzania-, ya sea sobre economía política –en los Apuntes críticos a la Economía Política-.
            Ambos planes de estudio constituyen los principales antecedentes del gran plan bosquejado en los cuadernos de notas de lectura, transcripciones y apuntes redactados por el Che en Bolivia. [Cuadernos de notas que iba escribiendo en forma paralela al célebre Diario de Bolivia]. Este último plan –dividido en cinco grandes segmentos— comenzaba por los modos de producción precapitalistas y el problema del método dialéctico marxista. Seguía con la teoría marxista del Capitalismo (donde el Che hacía una síntesis de El Capital  de Carlos Marx). A continuación, venía la discusión sobre la teoría del imperialismo.       Luego, se explayaba sobre la teoría de la transición al socialismo y, finalmente, el esbozo se cerraba enunciando los problemas del socialismo, el comunismo y el hombre nuevo.
            Tanto el plan de la carta a Hart, como el texto Apuntes críticos a la Economía Política, presentan problemas, pero no los resuelven. Ambos dejan cuestiones abiertas.
            No clausuran las discusiones y los problemas con un slogan y una afirmación de fe tranquilizadora, sino que apuestan a la incomodidad del revolucionario.
            No casualmente, el Che le escribe a su compañero y ayudante Orlando Borrego acerca de esta tarea, a través de su compañera Aleida –que lo visita en Praga-: “Estoy pensando en iniciar un trabajito sobre el Manual de Economía de la Academia, pero no creo que pueda acabar [...] Está sólo a nivel de idea”. Por lo tanto, los cuadernos de Apuntes críticos a la Economía Política son algunas de esas “ideas”. Nada más. El Che no dejó un tratado sistemático sobre el asunto. Ni siquiera en los cuadernos de notas de Bolivia.
            Entre los múltiples aspectos que podrían destacarse en estos Apuntes críticos a la Economía Política creemos que, al menos, no deberían eludirse los siguientes núcleos temáticos:
            En primer lugar, el Che se autodefine y caracteriza todo su emprendimiento de lectura crítica del Manual con las siguientes expresiones: “nuestra herejía” y “nuestra osadía”. Esta es la imagen que el Che tiene de sí mismo. Deberíamos preguntarnos:
            ¿“Herejía” con respecto a qué? ¿Cuál es la “ortodoxia” que pretendía cuestionar y poner en discusión, en forma “osada”? En ese sentido, resulta sintomático que haya tomado como objeto de crítica, justamente, al texto oficial de la URSS en la materia.
            No debemos olvidar que, a su regreso de una visita a la Unión Soviética, un año y medio antes de redactar estos manuscritos en Praga (Los Apuntes críticos a la Economía Política), el Che les había planteado a sus compañeros del Ministerio sobre ese viaje que: “Por cierto cuando empezamos a discutir [en la URSS], se produjo una situación muy violenta; eso era una Biblia, el Manual –ya que, por desgracia, La Biblia no es El Capital sino el Manual- y venía impugnado por varias partes, incluidos argumentos peligrosamente capitalistas” .
            Ya desde ese viaje a la URSS, Guevara se había quedado preocupado -¿quizás obsesionado?- por la importancia desmedida que los soviéticos atribuían al Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias. Al punto tal, que ya no leían El Capital de Karl Marx. El Manual lo había reemplazado...
            Cuando en Praga, en Los Apuntes críticos a la Economía Política, intenta contextualizar y demarcar las condiciones históricas de este cuestionamiento y de esta “herejía”, Guevara sostiene explícitamente que su tarea crítica la emprende “desde el subdesarrollo”. Su meta consistía en pensar los problemas teóricos de El Capital, junto con los problemas prácticos del Capitalismo y de la transición al socialismo, desde la óptica política de los pueblos del Tercer Mundo. La revolución cubana se inscribía en ese horizonte (no tanto geográfico, sino más bien social y político).
            Si en la polémica de 1963 y 1964 había caracterizado a El Capital de Marx como un texto “humanista (en el mejor sentido de la palabra)”, en estas notas de 1966 el Che lo aborda como un texto crítico de la economía política, pero también como la obra de dos “genios científicos” y de dos “revolucionarios exaltados” (Marx y Engels). A Guevara no se le pasaba por alto la inseparable unidad de teoría, ciencia y política en los fundadores de la filosofía de la praxis. Por eso, en el plano teórico elaborado en Bolivia, cuando analizaba el problema del método dialéctico, el Che anotó: “Marx, científico puro y revolucionario”, destacando ambas dimensiones al mismo tiempo.
            Por contraposición con la dimensión crítica que él encuentra en El Capital, el Che califica a la “ciencia económica marxista” de su época como simple “apologética” –un término, obviamente, despectivo-. Retoma, en este sentido, sus apreciaciones ya expresadas en el recontó de sus polémicas en Moscú, cuando se quejaba diciendo que “existe una crisis de teoría y la crisis teórica se produce por haber olvidado la existencia de Marx”.
            Más allá de todos los pliegues y detalles de las anotaciones críticas del Che, lo cierto e innegable es que ellas encierran un núcleo político fundamental. La Unión Soviética “está regresando al capitalismo”, advierte Guevara. Advertencia formulada un cuarto de siglo antes del bochornoso derrumbe que la vio desplomarse sin dignidad ni decoro..., cuando la roja bandera del socialismo había sido ya desplazada por la enseña gris de la burocracia y la mediocridad.
            Esta amarga caracterización constituye, sin duda alguna, la principal consecuencia política de los escritos del Che en Praga, sintetizados en Los Apuntes críticos a la Economía Política, en lo que se refiere al estado interno de la formación social soviética en 1966. Por otra parte, en cuanto al cuestionamiento central de la política exterior del Estado soviético, su apreciación no es menos taxativa. Guevara define la doctrina kruscheviana de “cooperación pacífica entre los pueblos” como “una de las tesis más peligrosas de la URSS”. No se detiene allí. También agrega, terminante, que dicha doctrina –conocida en aquella época como la “coexistencia pacífica” entre los dos grandes sistemas- constituye un “oportunismo de poca monta”.
El Che, Stalin y Mao en los Apuntes críticos a la Economía Política
            En esa entusiasta impugnación guevarista de la política estratégica soviética frente al imperialismo se inscribe su referencia a Stalin y Mao. Al igual que en su carta inédita a Armando Hart de 1965, en estas notas vuelve a aparecer la –problemática mención de Stalin. Es muy probable que esto se explique –al menos, desde nuestro punto de vista- por la simpatía del Che con ciertas críticas a la URSS desarrolladas por las posiciones chinas. Era el PC chino el que por entonces exaltaba y oponía, frente a la “coexistencia pacífica” de Kruschev, al binomio Stalin-Mao. Coincidiendo con esta oposición, el Che califica la política kruscheviana como un “pragmatismo inconsistente”. Sin embargo, debe advertirse que en el mismo párrafo, Guevara define a la época de Stalin como... un “dogmatismo intransigente”.
            Que la –problemática— referencia a Stalin deriva de las posiciones chinas, puede corroborarse si se comparan estos Apuntes críticos a la Economía Política, que Guevara redacta en Praga a comienzos de 1966, con las notas de Mao Tse Tung de 1960. En ese año, Mao analiza críticamente el Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias de la URSS. Para su crítica adopta como referencia la edición soviética de 1959. En esas notas, Mao desarrolla un cuestionamiento al Manual cuyo punto de vista mantiene, en algunos segmentos, gran semejanza con la perspectiva que luego adopta el Che; mientras que, en otros casos, existe entre ambos una notable diferencia.
            Por ejemplo, el dirigente chino sostiene que “La historia de todas las revoluciones ha probado que no era necesario tener previamente desarrolladas las fuerzas productivas en su plenitud para poder transformar las relaciones de producción envejecidas [...] Es necesario antes que nada demoler la antigua superestructura por la revolución para que las antiguas relaciones de producción puedan ser abolidas” . Una y otra vez, Mao se queja de que los soviéticos no toman en cuenta la superestructura cuando analizan la transición al socialismo.
            Previamente, en 1958, analizando uno de los últimos libros que Stalin escribiera antes de morir –Problemas económicos del socialismo en la URSS (1952)-, Mao afirma lo siguiente: “Stalin sólo habla de las relaciones de producción. No habla de la superestructura ni de las relaciones entre ésta y la base económica. [...] Todo ello concierne a la superestructura, es decir a la ideología. Stalin habla únicamente de economía, no aborda la política”. Igualmente, sostiene: “Stalin sólo destaca la tecnología y los cuadros técnicos. No quiere sino la técnica y los cuadros. Ignora la política y las masas”.
            ¿Conocía el Che estos comentarios de Mao al Manual soviético y al libro de Stalin? Cabe aclarar que estos comentarios aparecieron editados en China, por primera vez, en 1967 y en 1969 en las Mao Tse Tung Sovhsiang wansui [Viva el pensamiento de Mao Tse Tung]. Obviamente, en idioma chino. En Argentina recién se editaron –en español- en 1975. Como es bien conocido, para entonces el Che ya había sido asesinado en Bolivia. Aunque es muy probable que, aun sin haber leído estos comentarios, al haber viajado a China durante la primera mitad de la década del ’60 como representante del gobierno cubano y de Fidel Castro, Guevara haya podido conocer ese tipo de posiciones.
            Hasta allí las notables coincidencias, en la crítica del Manual, del Che Guevara con el punto de vista de Mao Tse Tung y los dirigentes chinos. Ahora bien, el Che se diferencia y se distancia completamente del punto de vista maoísta cuando, en su análisis del libro de Stalin, Mao sostiene que: “No hace falta suprimir de golpe la circulación de mercancías, la forma mercantil ni la ley del valor, aunque ellas pertenezcan también a la burguesía [...] Hemos recurrido al intercambio de mercancías y a la ley del valor como instrumento para facilitar el desarrollo de la producción y el pasaje al comunismo”. Mao continúa en el mismo sentido: “La producción mercantil no es un fenómeno aislado. Todo depende de aquello a lo que ella esté asociado: al capitalismo o al socialismo. Si está ligada al capitalismo es entonces una producción mercantil capitalista. Si está ligada al socialismo, es entonces una producción mercantil socialista”. La posición de Mao no deja lugar a dudas. Comentando el Manual soviético, el dirigente chino señala: “Es bueno considerar la ley del valor como instrumento para el trabajo de planificación. Pero no es preciso convertirla en la base principal de la planificación”.
            Esta posición, que Mao adopta explícitamente del pensamiento económico de Stalin (para oponerlo a Kruschev), sostiene que entre la ley del valor y la planificación no existe contradicción alguna. Es más, según este punto de vista de Stalin y Mao, la planificación socialista puede convivir y hasta valerse de la ley del valor y del mercado para su cumplimiento. En el debate cubano de 1963 y 1964, semejante propuesta fue defendida por el dirigente político cubano Carlos Rafael Rodríguez y por el profesor de economía francés y militante del PCF Charles Bettelheim. Durante esa polémica, el Che dedicó varios artículos a cuestionar ese punto de vista.
            Según el Sistema Presupuestario de Financiamiento (SPF), defendido por el Che Guevara desde el Ministerio de Industrias, la ley del valor y la planificación socialista son dos términos contradictorios y antagónicos. Es erróneo pensar que uno se puede valer del otro o que uno se cumple a partir del otro. Guevara opinaba que en la transición al socialismo la supervivencia de la ley del valor o tendía a ser superada por la planificación socialista o... se volvía al capitalismo (como finalmente le ocurrió a la URSS). Concretamente, el Che planteaba que: “Negamos la posibilidad del uso consciente de la ley del valor, basado en la no existencia de un mercado libre que exprese automáticamente la contradicción entre productores y consumidores [...] La ley del valor y el plan son dos términos ligados por una contradicción” .
            En una de las discusiones del Ministerio de Industrias, Guevara fue más terminante todavía. Alberto Mora –otro de los participantes de la polémica de 1963 y 1964, con posiciones diversas a las del Che— había sostenido que: “Una vez elegida la vía de la dirección centralizada de la economía, falta ver si es posible recorrerla con métodos exclusivamente administrativos, o si alguna vez será necesario recurrir a métodos indirectos, aun a la ley del valor, al problema de los precios, o a mecanismos utilizados por el capitalismo”. En total discrepancia, el Che Guevara le respondió a Mora: “No estoy de acuerdo con Alberto [Mora] sobre el problema del método indirecto. El método indirecto por excelencia es la ley del valor. Y para mí la ley del valor equivale a capitalismo”.
            El Che se tomaba bien en serio la advertencia metodológica que Marx plantea en El Capital cuando dice que “la mercancía es la célula básica de la sociedad capitalista”. Si sobrevive durante la transición socialista e, incluso, si es alentada a que crezca en nombre del “socialismo mercantil”, a largo plazo eso conlleva darle un nuevo impulso al capitalismo que, como el ave Fénix, renace de sus cenizas, aunque haya sido políticamente derrocado mediante la toma del poder por los revolucionarios. Por lo tanto, el conjunto de la polémica del Che contra los partidarios del “cálculo económico” está dirigida a cuestionar esta posición central de Stalin y Mao. Esta posición económica es también política, como Guevara nunca deja de aclarar en sus artículos e intervenciones polémicas.
Guevara, Lenin y la NEP
            La mirada crítica a esta supuesta “supervivencia de la ley del valor” y al “uso consiente” del mercado como método indirecto, durante la transición socialista, el Che la prolonga más allá del cuestionamiento de la afirmación de Stalin y Mao. La “herejía” del Che va más lejos y más atrás todavía. Llega a cuestionar, incluso, la Nueva Política Económica (NEP) que el propio Lenin planteó en 1921.
            La NEP consistió, después del primer período de la revolución bolchevique conocido como “comunismo de guerra”, en la supresión de las requisiciones agrícolas y el otorgamiento de legalidad a la manufactura y el comercio privados. A partir de la NEP, los campesinos soviéticos podían vender libremente sus productos a los comerciantes privados o llevarlos al mercado directamente, sujetos tan sólo a un impuesto en especie. Evidentemente la NEP era un paso atrás muy importante para el proyecto socialista. Lenin lo dio, no porque creyera que ese era “el camino estratégico hacia el comunismo”, sino debido a la extrema debilidad de la revolución después de años de guerra civil e intervención imperialista extranjera. Fue un producto de la necesidad (aunque, luego, muchos socialistas mercantiles hicieron de ella una virtud...).
            Respondió a una desfavorable relación política de fuerzas. En la Rusia bolchevique, fue Nicolás Bujarin quien intentó legitimarla teóricamente como un camino estratégico.
            En los Apuntes críticos a la Economía Política, lejos de celebrar la supervivencia de la ley del valor y el mercado dentro del socialismo, como si fueran un camino estratégico, el Che critica duramente a la NEP. Puntualmente, sostiene que ella “constituye uno de los pasos atrás más grandes dados por la URSS”, a lo que más adelante agrega: “así quedó constituido el gran caballo de Troya del socialismo: el interés material directo como palanca económica”. Este tipo de análisis prolonga, retrospectivamente, su posición de 1963 y 1964 en el debate con Bettelheim, Mora y Carlos Rafael Rodríguez.
            En 1964, en la ya mencionada reunión –taquigrafiada- del Ministerio de Industrias, el Che había afirmado: “Puesto que una empresa que funciona sobre la base de la demanda del público y mide su ganancia y su criterio de gestión con relación a eso no es ni un secreto ni una rareza; es el proceder del Capitalismo [...] Esto está sucediendo en algunas empresas de la Unión Soviética; son algunas experiencias particulares y no pretendo de ninguna manera probar con esto que en la Unión Soviética exista El Capitalismo. Quiero decir simplemente que estamos en presencia de algunos fenómenos que se producen porque existe crisis de teoría, y la crisis teórica se produce por haber olvidado la existencia de Marx y porque allí se basan solamente en una parte del trabajo de Lenin. El Lenin de los años ’20 es tan solo una pequeña parte de Lenin [...] Es un hecho que entre el Lenin del Estado y la revolución y de El imperialismo, etapa superior del Capitalismo y el Lenin de la NEP hay un abismo”. Más adelante el Che agregaba su particular interpretación de la NEP: “En la actualidad [1964] se considera sobre todo a este último período, admitiendo como verdad cosas que teóricamente no son ciertas, que fueron impuestas por la práctica”. Guevara terminó su intervención, en esa reunión, señalando: “Lenin, entre otras cosas –y perdónenme si me repito, porque lo he dicho muchas veces y tal vez hasta en este mismo lugar- más que un revolucionario, más que un filósofo, es un político, y los políticos deben hacer concesiones. De todos modos, sea lo que sea, en algún momento debe decir cosas que no corresponden a su pensamiento”.
            La crítica del Che a la NEP y a la canonización posterior que se hizo de aquella fase de la revolución rusa –congelando a Lenin como un vulgar apologista del mercado coincide, en muchísimos aspectos, con la crítica que expresó en 1925 y 1926 el economista soviético Eugenio Preobrazhensky en su libro La nueva economía.
            Preobrazhensky comenzó trabajando junto con Nicolás Bujarin, pero más tarde una aguda polémica teórica los enfrentó entre sí. Luego de muchas idas y venidas y de haber militado entusiastamente junto a León Trotsky en la Oposición de Izquierda, Preobrazhensky terminó fusilado por el stalinismo en 1937.
            Ya en 1921, en la conferencia del Partido Comunista, Preobrazhensky había expuesto sus críticas a la NEP, alertando sobre el peligro que implicaba para la revolución socialista el “juego del mercado” y el aliento a los campesinos ricos en detrimento del campesino pobre. Gran parte de su reflexión giraba en torno a las relaciones contradictorias entre el sector privado de la economía soviética y la industria socializada. De la misma forma que hiciera el Che Guevara en el seno de la revolución cubana, Preobrazhensky sostenía que la NEP derivaría en una estructura dualista: industria y bancos públicos, agricultura privada. En ese marco, sostenía, se daría una lucha entre el mercado y la planificación llevada a cabo por el nuevo Estado soviético.
            Según su opinión, este último debería transferir al sector público y socializado lo esencial de la sobreproducción social, todavía agrícola. De igual forma que como apuntará el Che años más tarde, y a diferencia de las opiniones de Stalin, Mao Tse Tung, Bettelheim y Carlos Rafael Rodríguez, Preobrazhensky planteará la relación entre el mercado y el plan como una contradicción estratégica. No por casualidad, en la carta a Hart, el Che se había referido a “los grandes polémicos del año 20 en la URSS” como “los más importantes para nosotros”.
            ¿Había leído el Che Guevara a Preobrazhensky cuando redactó los Los Apuntes críticos a la Economía Política?  No lo sabemos. Su libro La nueva economía recién se publicará en Cuba en 1968 (en el N° 22 de ese año, en la revista cubana Pensamiento Crítico, Hugo Azcuy realiza una reseña elogiosa del mismo). En México, también se publicará, pero todavía más tarde, en 1971 (por la editorial ERA vinculada a la nueva izquierda). Quizás el Che lo leyó en ediciones europeas. En Oxford se publicó –en inglés- en 1965, mientras que París recién apareció –en francés- en 1966.
Capitalismo, Socialismo y etapismo
            Pero no será, únicamente, en la interpretación de la ley del valor y su relación con la planificación socialista dónde hallaremos la diferencia central entre Guevara y el stalinismo de Mao Tse Tung y el propio Stalin.
            La distancia central entre ambas posiciones la encontramos, plenamente desarrollada, en el cuestionamiento del Che Guevara a todo etapismo sociológico, historiográfico y político. Un cuestionamiento de índole teórica, de largo aliento, que no respondía simplemente a una urgencia coyuntural del Che por “quemar etapas” o a un “apuro” suyo circunstancial (como lo sugieren, superficialmente, algunos biógrafos) sino a una visión de la historia humana de neta filiación marxiana.
            El etapismo –preconizado por todas las corrientes stalinistas, sean las aggiornadas prosoviéticas de Kruschev o las ortodoxas prochinas de Mao- consiste en separar las tareas “democráticas”, o “burguesas”, o “agrarias”, o de “liberación nacional”, de las tareas específicamente socialistas. Son bien conocidas, al respecto, las clásicas posiciones de Stalin y sus seguidores en la materia . En las notas de Mao Tse Tung al Manual de la Academia de Ciencias de la URSS, el dirigente chino insiste en diferenciar etapas en la lucha contra “El Capital burocrático” –vinculado a la dominación extranjera en China-, de la lucha contra “El Capital nacional”.
            Para el etapismo (se apoye en los escritos clásicos de Stalin, en los manuales soviéticos o en los textos de Mao Tse Tung) la revolución pendiente en América Latina no es socialista, sino “agraria antimperialista” (como forma específica de la “revolución democrático burguesa”).
            Cuestionando duramente este tipo de análisis, en Los Apuntes críticos a la Economía Política el Che vuelve a insistir con la misma idea que también planteará en su “Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental”: “Por otra parte las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo –si alguna vez la tuvieron- y sólo forman su furgón de cola. No hay más cambios que hacer; o revolución socialista o caricatura de revolución”.
            Mientras el Manual soviético, analizado por Guevara, sostiene que: “La burguesía nacional participa en esta lucha [para derrocar la dominación del imperialismo] y desempeña cierto papel progresivo”; y mientras en sus comentarios Mao Tse Tung insiste, una y otra vez, en diferenciar entre “El Capital burocrático” –asociado en China a la dominación extranjera- y “El Capital nacional”, la posición del Che Guevara rompe totalmente con dicha concepción.
            En los Apuntes críticos a la Economía Política, el Che replica y responde que: “Históricamente esto fue cierto, en la actualidad es falso”.
Refiriéndose al “proceso de alianza entre las burguesías y los capitales imperialistas”, Guevara plantea que: “se produce una alianza entre explotadores de diversos sectores y los grandes terratenientes incursionan en la industria y el comercio”.
Separando, aún más, las posiciones propias de las preconizadas por el etapismo, Guevara agrega más adelante en sus Apuntes críticos a la Economía Política: “La lucha contra la burguesía es condición indispensable de la lucha de liberación, si se quiere arribar a un final irreversiblemente exitoso”.
¿Cuál es la fuente teórica de esta crítica abierta, nunca solapada, de Guevara al etapismo? En primer lugar, la propia experiencia política de la revolución cubana. A diferencia del antiguo Partido Socialista Popular; Fidel Castro y el resto de la dirección cubana nunca separaron en dos al proceso revolucionario. El pasaje entre una fase nacional-antimperialista y una fase socialista se dio en forma ininterrumpida. De allí en adelante, todos los llamados internacionales realizados desde la revolución cubana al resto de las organizaciones y pueblos de América Latina, siempre, apelaron a la idea de una revolución socialista (no “democrático burguesa” ni “agraria-antiimperialista”) continental. Desde las primeras declaraciones de La Habana hasta las declaraciones de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS).
Aunque haya sido la principal, ésa no fue seguramente la única fuente del Che. A pesar de que no aparece citado explícitamente en sus libros y artículos del período, según el testimonio del militante peruano Ricardo Napurí –que trabajó junto al Che durante los primeros tiempos de la revolución en Cuba, desde 1959 a 1964, preparando contactos con otros sectores revolucionarios sudamericanos, principalmente peruanos y argentinos-, Guevara habría leído La revolución permanente (1930) de León Trotsky en el año 1960. El mismo Napurí le habría acercado, personalmente, este libro al Che al Banco Nacional de Cuba y, a los pocos días, habrían mantenido un diálogo sobre el texto ya leído por Guevara. (En los cuadernos de notas, transcripciones de libros y apuntes teóricos redactados en Bolivia, el Che volverá a leer a León Trotsky. En primer lugar, en esos cuadernos transcribe varios fragmentos de La revolución permanente, extraídos de la antología realizada por Charles Wright Mills: Los marxistas [1962 –el Che utiliza una edición mexicana de 1964-]. En segundo lugar, en esos mismos cuadernos, Guevara extracta numerosos pasajes de la Historia de la revolución rusa de Trotsky, leída en una edición argentina. En ambos casos, luego de transcribir pasajes, sintetiza su balance sobre Trotsky y sus obras).
De cualquier forma, tampoco se agotan allí las posibles fuentes de la crítica guevarista al etapismo. Ya durante los años ‘20, más precisamente en 1928, José Carlos Mariátegui había planteado que: “La revolución latino-americana, será nada más y nada menos que una etapa, una fase de la revolución mundial. Será simple y puramente, la revolución socialista. A esta palabra, agregad, según los casos, todos los adjetivos que queráis: «antiimperialista», «agrarista», «nacionalista-revolucionaria». El socialismo los supone, los antecede, los abarca a todos”. Es seguro que el Che conocía a Mariátegui, tanto por su primera compañera Hilda Gadea (militante peruana) como por haber mantenido amistad con el médico comunista peruano Hugo Pesce, delegado de Mariátegui a la primera Conferencia Comunista Sudamericana de 1929. (Pesce, a quien conoció en Perú durante sus viajes juveniles, lo visitará en Cuba en los ’60).
La “herejía” del Che no termina tampoco en su crítica del etapismo. En estas apretadas líneas de los Apuntes críticos a la Economía Política, Guevara también cuestiona el recurrente hábito del marxismo ortodoxo –repetido en todos los manuales “científicos” de la URSS, no sólo en los de economía- que consiste en atribuirle a fenómenos históricos, que han sido producidos en condiciones y circunstancias coyunturales, el carácter de... “ley”. Esta polémica aseveración de Guevara, ¿no tiene consecuencias, a la hora de comprender el conjunto de la concepción materialista de la historia? Creemos que sí. Pretender legitimar posiciones políticas coyunturales –como las de la NEP-, en nombre de las temidas “leyes de la dialéctica” o las “leyes de la economía”, constituye uno de los recursos metafísicos más dañinos que ha sufrido el marxismo a lo largo de toda su historia.
Vinculando el problema de la planificación (eje del debate de 1963-1964), con su marxismo humanista, en estas notas Guevara vuelve a repetir sus opiniones críticas del “socialismo mercantil”, siempre rebosante de fetichismo y cosificación. Allí define entonces la planificación como “la posibilidad de dirigir cosas, de quitarle al hombre su condición de cosa económica”.
En consonancia con esta concepción, como en todos sus escritos anteriores, Ernesto Guevara vuelve a apelar a la conciencia y la educación comunista, esos inmensos agujeros negros del “socialismo real”. La educación comunista a la que aspira el Che, dirigida a la construcción de una humanidad nueva, enfoca sus cañones contra el interés material, ya que “apunta a que el individuo actúe de acuerdo a su deber social y no a su barriga”. En esta sentencia reside, justamente, el corazón de su concepción ética de la revolución y el socialismo.
Por último, debemos prestar atención al modo en que Guevara discute con las concepciones más catastrofistas del marxismo. Según éstas, la caída del Capitalismo en su prolongación contemporánea, el imperialismo, es inevitable y está predeterminada.
La fuente de donde se extraen, a menudo, este tipo de análisis proviene de la ley que Marx expone en el Tomo III de El Capital, acerca de la caída decreciente de la tasa de ganancia. Frente a este tipo de lecturas deterministas y catastrofistas, que aplican mecánicamente esta ley, el Che sostiene que: “Los monopolios la contrarrestan a costa de los países dependientes”.
En Marx no hay catastrofismo economicista. Según ese mismo tomo tercero de El Capital, la ley tiene sus elementos de contra tendencia. Por eso, a contramano de los “ortodoxos” que se sentaban a esperar, cruzados de brazos, a que el imperialismo se derrumbara por sí solo, en forma automática (ya sea por sus crisis de sobreproducción o de subconsumo) en estos Apuntes críticos a la Economía Política el Che alerta: “El imperialismo tiene aún gran vitalidad”. ¿Cuáles son las consecuencias políticas de este análisis? Pues que el imperialismo no se cae jamás solo..., ¡hay que vencerlo para poder derrumbarlo! Para ello hay que romper con todas las recetas teóricas ortodoxas que nos invitan, invariablemente, a quedarnos pasivos, somnolientos, con modorra, esperando y sin intervenir en política.
La invitación de Guevara y el programa de Marx
A contramano de las antiguas codificaciones positivistas del marxismo (que escindían ética de ciencia, juicios de valor de juicios de hecho, voluntad y praxis política de cientificidad) y de los “nuevos” intentos académicos del marxismo analítico (que construyen una deontología normativa sobre la justicia al margen de la historia y de la lucha de clases) en sus múltiples manuscritos, planes para futuros estudios, apuntes, cartas y discursos el Che Guevara nos deja todo un programa de investigación. Articulando ética y crítica científica de la economía política, crítica científica y política, política y cultura, cultura e historia, historia y ética, Guevara nos invita, provocativamente, a retomar la herencia olvidada de Karl Marx. Aquella donde la crítica de la economía política, paradigma de cientificidad, se estructura en un ángulo totalizante sobre una escala axiológica de valores que emergen de la historia y de la lucha de clases.
Aceptar el desafío ético del Che, retomando el programa teórico, político y epistemológico de Marx, nos permitirá volver a instalar en la agenda actual de la izquierda la perspectiva política radical, antiimperialista y anticapitalista, durante demasiado tiempo olvidada.
* Edita, con fines educativos Dra. Marerwin Carnevali.
Lic. Fidel Oliveros.
PREGUNTAS DE CONTROL DE ACCESO AL CONOCIMIENTO;

ÚSELO Y TÍRELO*
El mundo del fin del milenio,
Visto desde una ecología
Latinoamericana.
Eduardo Galeano Escritor Uruguayo.
Cinco frases que hacen crecer la nariz de pinocho:
“Somos todos culpables de la ruina del planeta”
La salud del mundo está hecha un asco. “Somos todos responsables”, claman las voces de la alarma universal, y la generalización absuelve: si somos todos responsables, nadie es.
Como conejos se reproducen los nuevos tecnócratas del medio ambiente. Es la tasa de natalidad más alta del mundo: los expertos generan expertos y más expertos que se ocupan de envolver el tema en el papel celofán de la ambigüedad. Ellos fabrican el brumoso lenguaje de las exhortaciones al “sacrificio de todos” en las declaraciones de los gobiernos y en los solemnes acuerdos internacionales que nadie cumple. Estas cataratas de palabras, inundación que amenaza convertirse en catástrofe ecológica comparable al agujero de ozono, no se desencadenan gratuitamente. El lenguaje oficial ahoga la realidad para otorgar impunidad a la sociedad de consumo, a quienes la imponen por modelo en nombre del desarrollo y a las grandes empresas que le sacan el jugo.
Pero las estadísticas confiesan. Los datos ocultos bajo el palabrerío revelan que el veinte por ciento de la humanidad comete el ochenta por ciento de las agresiones contra la naturaleza, crimen que los asesinos llaman suicidio, y es la humanidad entera quien paga las consecuencias de la degradación de la tierra, la intoxicación del aire, el envenenamiento del agua, el enloquecimiento del clima y la dilapidación de los recursos naturales no renovables.
La señora Harlem Bruntland, que encabeza el gobierno de Noruega, comprobó recientemente que, “si los siete mil millones de pobladores del planeta consumieran lo mismo que los países desarrollados de Occidente, harían falta diez planetas como el nuestro para satisfacer todas sus necesidades”. Una experiencia imposible. Pero los gobernantes de los países del Sur que prometen el ingreso al Primer Mundo, mágico pasaporte que nos hará a todos ricos y felices, no solo deberían ser procesados por estafa. No solo nos están tomando el pelo, no: además, esos gobernantes están cometiendo el delito de apología del crimen. Porque este sistema que se ofrece como paraíso, fundado en la explotación del prójimo y en la aniquilación de la naturaleza, es el que nos está enfermando el cuerpo, nos está envenenando el alma y nos está dejando sin mundo. Extirpación del comunismo, implantación del consumismo: la operación ha sido un éxito, pero el paciente se está muriendo.
“Es verde lo que se pinta de verde”
Ahora los gigantes de la industria química hacen su publicidad en color verde y el Banco Mundial lava su imagen repitiendo la palabra ecología en cada página de sus informes y tiñendo de verde sus préstamos. “En las condiciones de nuestros préstamos hay condiciones ambientales estrictas””, aclara el presidente de la suprema banquearía del mundo.
Somos todos ecologistas, hasta que alguna medida concreta limita la libertad de contaminación. Cuando se aprobó en el Parlamento del Uruguay una tímida ley de defensa del medio ambiente, las empresas que echan veneno al aire y pudren las aguas se sacaron súbitamente la recién comprada careta verde y gritaron su verdad en términos que podrían ser resumidos así: “Los defensores de la naturaleza son abogados de la pobreza, dedicados a sabotear el desarrollo económico y a espantar la inversión extranjera”.
El Banco Mundial, en cambio, es el principal promotor de la riqueza, el desarrollo y la inversión extranjera. Quizás por reunir tantas virtudes el Banco manejará, junto a las Naciones Unidas, el recién creado Fondo para el Medio Ambiente Mundial. Este impuesto a la mala conciencia dispondrá de poco dinero, cien veces menos de lo que habían pedido los ecologistas, para financiar proyectos que no destruyan la naturaleza. Intención irreprochable, conclusión inevitable: si esos proyectos requieren un fondo especial, el Banco Mundial está admitiendo, de hecho, que todos sus demás proyectos hacen un flaco favor al medio ambiente.
El Banco se llama Mundial, como el Fondo Monetario se llama Internacional, pero estos hermanos gemelos viven, cobran y deciden en Washington. Quien paga, manda; y la numerosa tecnocracia jamás escupe el plato donde come. Siendo, como es, el principal acreedor del llamado Tercer Mundo, el Banco Mundial gobierna a nuestros países cautivos, que por servicio de la deuda pagan a sus acreedores externos 250 mil dólares por minuto; y les impone su política económica en función del dinero que concede o promete. No hay manera de apagar la sed de esa vasija agujereada: cuanto más pagamos, más debemos, y cuanto más debemos, mejor obedecemos. La asfixia financiera obliga al negocio de jugo rápido, que exprime en plan bestia a la naturaleza y a la gente y que al precio de la devastación ofrece divisas inmediatas y ganancias a corto plazo.
Así se veta el desarrollo hacia adentro y se desprecia al mercado interno y a las tradiciones locales, sinónimas de atraso, mientras pueblos y tierras son sacrificados, en nombre de la modernización, al pie de los alteres del mercado internacional. Las materias primas y los alimentos se entregan a precio de regalo, cada vez más a cambio de menos, en una historia de desarrollo hacia fuera que en América Latina lleva cinco siglos de mala vida aunque ahora mienta que es nueva –neoliberalismo, Nuevo Orden Mundial- y que solo ha servido, a la vista está, para desarrollar colosales mamarrachos.
La divinización del mercado, que compra cada vez menos y paga cada vez peor, permite atiborrar de mágicas chucherías a las grandes ciudades del sur del mundo, drogadas por la religión del consumo, mientras los campos se agotan, se pudren las aguas que los alimentan y una costra seca cubre los desiertos que antes fueron bosques.
Hasta los dragones asiáticos, que tanto sonríen para la propaganda, están sangrando por esas heridas: en Corea del Sur, solo se puede beber un tercio del agua de los ríos; en Taiwán, un tercio del arroz no se puede comer.
“Plantar árboles es siempre un acto de amor por la naturaleza”
El mundo está siendo desollado de su piel vegetal y la tierra ya no puede absorber y almacenar las lluvias. Se multiplican las sequías y las inundaciones mientras sucumben las selvas tropicales, devoradas por las explotaciones ganaderas y los cultivos de exportación que el mercado exige y los banqueros aplauden. Cada hamburguesa cuesta nueve metros cuadrados de selva centroamericana. Y cuando uno se entera de que el mundo estará calvo más temprano que tarde, con algunos restos de selva en Zaire y Brasil, y que los bosques de México se han reducido a la mitad en menos de medio siglo, uno se pregunta: ¿Quiénes son los peligrosos? ¿Los indígenas que se han alzado en armas en la selva lacandona, o las empresas ganaderas o madereras que están liquidando esa selva y dejan a los indios sin casa y a México sin árboles? ¿Y los banqueros que imponen esta política, identificando progreso con máxima rentabilidad y modernización con devastación?
Pero resulta que los banqueros han abandonado la usura para consagrarse a la ecología, y la prueba está: el Banco Mundial otorga generosos créditos para forestación. El Banco planta árboles y cosecha prestigio en un mundo escandalizado por el arrasamiento de sus bosques. Conmovedora historia, digna de ser llevada a la televisión: el destripador distribuye miembros ortopédicos entre las víctimas de sus mutilaciones.
En estas nuevas plantaciones madereras, no cantan los pájaros. Nada tienen que ver los bosques naturales aniquilados, que eran pueblos de árboles diferentes abrazados a su modo y manera, fuentes de vida diversa que sabiamente se multiplicaba a sí misma, con estos ejércitos de árboles todos iguales, plantados como soldados en fila y destinados al servicio industrial.
Las plantaciones madereras de exportación no resuelven problemas ecológicos, sino que los crean, y los crean en los cuatro puntos cardinales del mundo. Un par de ejemplos: en la región de Madhya Pradesh, en el centro de la India, que había sido célebre por la abundancia de sus manantiales, la tala de los bosques naturales y las plantaciones extensivas de eucaliptos han actuado como un implacable papel secante que ha acabado con todas las aguas; en Chile, al sur de Concepción, las plantaciones de pinos proporcionan madera a los japoneses y sequía a toda la región. El presidente del Uruguay hincha el pecho de orgullo: los finlandeses están produciendo madera en nuestro país. Vender árboles a Finlandia, país maderero, es una proeza, como vender hielo a los esquimales. Pero ocurre que los finlandeses plantan en el Uruguay los bosques artificiales que en Finlandia están prohibidos por las leyes de protección a la naturaleza.
“Entre el capital y el trabajo, la ecología es neutral”
Se podrá decir cualquier cosa de Al Capone, pero él era un caballero: el bueno de Al siempre enviaba flores a los velorios de sus víctimas. Las empresas gigantes de la industria química, la industria petrolera y la industria automovilística han pagado buena parte de la Eco-92, la conferencia internacional que en Río de Janeiro se ocupó de la agonía del planeta. Y esa conferencia, llamada Cumbre de la Tierra, no condenó a las empresas transnacionales que producen contaminación y viven de ella, y ni siquiera pronunció contra la ilimitada libertad de comercio que hace posible la venta de veneno. Como señaló, en aquellos días el comentarista André Carothers, “en el programa de acción finalmente aprobado, la principal referencia a las compañías transnacionales entra dentro de la categoría de grupos cuyo papel en los procesos decisorios internacionales debe reforzarse, de manera que los gigantes de la industria figuran junto a los niños, las mujeres y los grupos indígenas”.
En el gran baile de máscaras del fin del milenio, hasta la industria química se viste de verde. La angustia ecológica perturba el sueño de los mayores laboratorios del mundo, que para ayudar a la naturaleza están inventando nuevos cultivos biotecnológicos. Pero estos desvelos científicos de los grandes laboratorios no se proponen encontrar plantas más resistentes, que puedan enfrentar las plagas sin ayuda química, sino que buscan nuevas plantas capaces de resistir los plaguicidas y herbicidas que esos mismos laboratorios producen. De las diez empresas productoras de semillas más grandes del mundo, seis fabrican pesticidas (Sandoz, Ciba-Geigy, Dekalb, Pfeizer, Up-jhon, Shell, ICI). La industria química no tiene tendencias masoquistas.
En cambio las tendencias homicidas y mundicidas de los grandes laboratorios no sólo se manifiestan en los países del sur del mundo –adonde envían, bautizados con otros nombres, los productos que el norte prohíbe- sino también en sus países de origen. En su edición del 21 de marzo de 1.994, la revista Newsweek informó que en el último medio siglo el esperma masculino se ha reducido a la mitad en los Estados Unidos, al mismo tiempo que se ha multiplicado en forma espectacular el cáncer de mama y el de testículo. Según las fuentes científicas consultadas por la revista, los datos disponibles indican que la intoxicación química de la  tierra y el agua tiene la responsabilidad principal en estos desastres, y esa intoxicación proviene, en gran medida, de ciertos abonos y pesticidas industriales.
¿Lo que es bueno para las grandes empresas es bueno para la humanidad? La reconquista de este mundo usurpado, la recuperación del planeta o lo que nos quede de él, implica la denuncia de la impunidad del dinero y la negación de la mentirosa identidad entre la libertad del dinero y la libertad humana. La ecología neutral, que más bien se parece a la jardinería, se hace cómplice de la injusticia de un mundo donde la comida sana, el agua limpia, el aire puro y el silencio no son derechos de todos sino privilegios de los pocos que pueden pagarlos.
Han sido pobres todos los muchos muertos del cólera en América, ahora que volvió aquella peste de los tiempos viejos: las aguas y los alimentos contaminados por los desechos industriales y los venenos químicos han matado gente como moscas. ¿Será que Dios cree, como los sacerdotes del mercado, que la pobreza es el castigo que la ineficiencia merece? Toda esta gente que había cometido el delito de ser pobre, ¿fue sacrificada por el cólera o por un sistema que pudre lo que toca, y que en plena euforia de la libertad del mercado desmantela los controles estatales y desampara la salud pública?
Chico Mendes, obrero del caucho, cayó asesinado a fines de 1.988, en la Amazonía brasileña, por creer lo que creía: que la militancia ecológica no puede divorciarse de la lucha social. Chico creía que la floresta amazónica no será salvada mientras no se haga la reforma agraria en Brasil. Sin reforma agraria, los campesinos expulsados por el latifundio seguirán siendo puntas de lanza de la expansión del propio latifundio selva adentro, un ejército de colonos muertos de hambre que arrasan bosques y exterminan indios por cuenta del puñado de empresarios que acaparan la tierra conquistada y por conquistar.
Cinco años después del crimen de Chico Mendes, los obispos brasileños denunciaron que más de cien trabajadores rurales mueren asesinados, cada año, en la lucha por la tierra, y calcularon que cuatro millones de campesinos sin trabajo se encaminaban a las ciudades desde las plantaciones del interior.
Adaptando las cifras a cada país, esa declaración de los obispos retrata a toda la América Latina. Las grandes ciudades latinoamericanas, hinchadas a reventar por la incesante invasión de los exiliados del campo, son una catástrofe ecológica: una catástrofe que no se puede entender ni cambiar dentro de los límites de una ecología sorda ante el clamor social y ciega ante el compromiso político. Nuestros hormigueros urbanos seguirán siendo infiernos de la ecología aunque se pongan en práctica los proyectos surrealistas que deliran ante las consecuencias por impotencia ante las causas: en Santiago de Chile proponen volar un cerro con dinamita, para que los vientos puedan limpiar el aire; en Ciudad de México se proyectan ventiladores del tamaño de rascacielos...
“La naturaleza está fuera de nosotros”
En sus Diez Mandamientos, Dios olvidó mencionar a la naturaleza. Entre las órdenes que nos envió desde el Monte Sinaí, el Señor hubiera podido agregar, pongamos por caso: “Honrarás la naturaleza de la que formas parte”. Pero no se le ocurrió.
Hace cinco siglos, cuando América fue apresada por el mercado mundial, la civilización invasora confundió a la ecología con la idolatría. La comunión con la naturaleza era pecado, y merecía castigo. Según las crónicas de la conquista, los indios nómadas que usaban cortezas para vestirse jamás desollaban el tronco entero, para no aniquilar el árbol, y los indios sedentarios plantaban cultivos diversos y con períodos de descanso, para no cansar la tierra. La civilización que venía a imponer los devastadores monocultivos de exportación, no podía entender a las culturas integradas a la naturaleza, y las confundió con la vocación demoníaca o la ignorancia.
Y así siguió siendo. Los indios de Yucatán y los que después se alzaron con Emiliano Zapata, perdieron sus guerras por atender las siembras y las cosechas de maíz. Llamados por la tierra, los soldados se desmovilizaban en los momentos decisivos del combate. Para la cultura dominante, que es militar, así los indios probaban su cobardía o su estupidez.
Para la civilización que dice ser occidental y cristiana, la naturaleza era una bestia feroz que había que domar y castigar para que funcionara como una máquina, puesta a nuestro servicio desde siempre. La naturaleza, que era eterna, nos debía esclavitud.
Muy recientemente nos hemos enterado de que la naturaleza se cansa, como nosotros, sus hijos; y hemos sabido que, como nosotros, puede morir asesinada. Ya no se habla de someter a la naturaleza; ahora hasta sus verdugos dicen que hay que protegerla. Pero en uno u otro caso, naturaleza sometida o naturaleza protegida, ella está fuera de nosotros. La civilización que confunde a los relojes con el tiempo, al crecimiento con el desarrollo y a lo grandote con la grandeza, también confunde a la naturaleza con el paisaje, mientras el mundo, laberinto sin centro, se dedica a romper su propio cielo.
Del libro de Eduardo Galeano:
ÚSELO Y TÍRELO
            Editorial Planeta, Buenos Aires,  1.994
* Edita, con fines educativos Dra. Marerwin Carnevali.
                                     Lic. Fidel Oliveros.
PREGUNTAS DE CONTROL DE ACCESO AL CONOCIMIENTO;

TOMATES ASESINOS
Gonzalo Palomino Ortiz, Universidad del Tolima.
Transcriptor: Dra. Marerwin Carnevali
Lic. Fidel Oliveros.
Esta es una más de las trascripciones que ofrezco a mis amigos haciendo uso del derecho de informar y de información consagrados en la Constitución Política Nacional de Colombia. Lo hago por considerar que es uno de los derechos más violados precisamente por quienes tienen el deber de informar verazmente al pueblo: gobierno y prensa. Al propio tiempo invito a los lectores de estas trascripciones a profundizar en el conocimiento de estos temas y a difundirlos si son de su misma opinión.*
Manipular el material genético es jugar a ser Dios.
Pensar en tomates cruzados con elementos genéticos de peces del Mar Adriático, para inducirles resistencias al frío y así poder cultivarlos en otros climas; o, creer en un tipo de tabaco manipulado con material hereditario de luciérnagas para que alumbren en la oscuridad; o, hablar de cerdos portadores de genes humanos para que nunca engorden; pasó de las especulaciones a la realidad cotidiana con las fotos de la oveja Dolly, y todas las clonaciones clonadas que le siguen de cerca.
Existe la seguridad de trabajos clandestinos con la genética del café, para manipular sus genes y producir cafeína en grandes cantidades, con bacterias modificadas genéticamente en laboratorios de los países muy desarrollados; y existen temores de sus consecuencias en los países tropicales, exclusivamente agrícolas, los cuales se derrumbarían arrastrando los sistemas económicos y sociales.
La clandestinidad, el espionaje científico, la corrupción y la total ausencia de ética, es generada por cuanto la danza de los millones de dólares que hay de tras de ello es exorbitante: <<el ganador se lo lleva todo, y el todo puede pasar de quince mil millones de dólares, por un solo producto manipulado>>.
Esta situación obligó al Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) a proponer la creación de un grupo de especialistas veedores de la biodiversidad; al cual se opusieron verticalmente los Estados Unidos y otros países industrializados, que dan por sentado que la <<Biotecnología es completamente segura>>.
Y es allí, en el limbo de la información científica, cuando la ficción se une con la realidad de la investigación y de la producción de alimentos, medicinas o avances biotecnológicos. La humanidad no sabe qué diablos está pasando con su futuro, no sabe cuál es la manipulación a que está sometida.
De ese Limbo citamos un texto de Douglas Preston, especialista en Historia Natural, expresado como ficción, para que se entienda como una verdad en dólares: <<Sostenía en la mano un frasco de sangre, sangre humana, que había sido producida por un Streptococus, bacteria que vive en los excrementos, al cual le habíamos empalmado el gen de la hemoglobina, obligándolo a producir así sangre humana: grandes cantidades de hemoglobina humana. Desgraciadamente, la hemoglobina, en sí misma, es mortalmente tóxica. Si inyectáramos hemoglobina pura a un ser humano, sería fatal. Es que recibir una transfusión de sangre no es como tomarse una pastilla. En el cuerpo humano hay varios litros de esta sustancia. La más ligera impureza, multiplicada por estas cantidades, podría causar efectos secundarios impredecibles.
El primer alimento fabricado mediante la manipulación genética, que fue el tomate denominado Falrv Sarv, ha desatado una fuerte polémica en la comunidad científica, por cuanto para unos podría ser una solución alimentaria, y para otros significa el comienzo de una apocalíptica <<contaminación biológica>>.
Alimentos Manipulados.
La ingeniería genética, la superciencia del nuevo milenio, es el sector económico en el cual se concentra la mayor inversión de dólares con esperanzas en las súper utilidades; como tal hay que interpretarla.
Es una herramienta potentísima para la manipulación de genes; su principal problema es el gran vacío de conocimiento sobre el funcionamiento de la planta o animal que se va a manipular.
La genética de un individuo es producto de un larguísimo proceso representado en millones de años, en los cuales los fracasos y éxitos naturales se han ido acumulando, perfeccionando, para elaborar una dinámica en cada ser o mejor en los individuos de todas las especies que nos acompañan hoy por hoy. Cada uno de nosotros tiene muchos genes, los científicos no se ponen de acuerdo si son 200.000 o más, y cada uno de los genes ha pasado por un acoplamiento armónico para cumplir sus funciones totales, si alguno de ellos es eliminado, cambiado o modificado, se altera el conjunto armónico, expresado en impredecibles fallas, síntomas y anomalías que ignoramos.
Cuando intereses económicos inducen cambios genéticos en una especie, como ya ha ocurrido, suceden muchas cosas: se pueden generar proteínas extrañas causantes de alergias, se pueden producir aminoácidos como el triptófano que ocasionó 27 muertos y 1.500 afectados, puede alterar propiedades nutritivas en azúcares, grasas, vitaminas...
Un informe de la Asociación Ecologista de Defensa de la Naturaleza de España, ADENAT; registra que <<además de los peligros sanitarios, los riesgos para el medio ambiente son más preocupantes; debido a que las multinacionales hacen esfuerzos acelerados (el 66% de los experimentos) y multimillonarias inversiones para lograr plantas que sean resistentes a los herbicidas. Esto quiere decir que con esas plantas transgénicas se incrementará la aplicación de matamalezas, afectando la salud de la biosfera.- Algunos hechos lo confirman: la soya transgénica es resistente al herbicida Roundup>>; (Recordemos que es el mismo glifosato de los cultivos ilícitos, tan polemizado en Colombia.)
Si en un momento dado, una variedad con un gen transgénico llega a polinizar una variedad silvestre, de la misma especie se puede producir una <<súper-maleza>>, resistente a todo, dominante, sin control, que arrasará nuestros ecosistemas, campos de cultivo, y viajará por allí sin control.
Por otra parte, está comprobado que el maíz transgénico es portador de resistencias a los antibióticos como la ampicilina, y el tomate transgénico genera resistencias a la kanamicina, y desde allí pueden pasar al organismo humano e incorporarse a las bacterias de nuestros intestinos o del suelo o del agua.
Hay suficientes peligros reales para afirmar que la ingeniería genética y sus mortíferos alimentos transgénicos no son seguros, que no pueden importarse toneladas de esos productos, que no pueden introducirse en nuestros mercados, nuestras cocinas y en nuestros estómagos... y eso es lo que está sucediendo hoy.
Hoy es el VIAGRA.
Hoy el show comercial le tocó al Viagra, que con su furor sexual nos ha remitido a otras bonanzas químicas, que en el pasado han pretendido “mejorar” lo hecho por la naturaleza en su largo proceso evolutivo.
Son muchas las drogas milagrosas: en 1.962 fue el escándalo de los niños de la Talidomida, que nacieron sin brazos, con las manos saliendo directamente de los hombros, sin piernas o con un tronco sin extremidades (focomelia), y solamente fue asociado con la Talidomida cuando miles de mujeres ya habían ingerido la droga y condenado a más de ocho mil niños de 46 países.
El DES, Dietil-estil-bestrol, un estrógeno sintético, recomendado como droga maravillosa para prevenir abortos, llegó a involucrar unos cinco millones de mujeres embarazadas. También se recetó como anticonceptivo “de la mañana siguiente”, como implante en el ganado para rápidos engordes... hasta 1.966 – 9 cuando se comenzó a detectar cáncer en la mucosa vaginal en mujeres jóvenes... Y hoy continúa la polémica acerca de la responsabilidad del DES de las anormalidades sexuales y problemas médicos en los hijos e hijas de mujeres que tomaron la droga.
Estos ejemplos nos acercan al profundo misterio de las sustancias extrañas que son capaces de engañar al organismo y transformar la acción de los mensajeros químicos.
El mismo año del descubrimiento del DES, se inventó el DDT, el insecticida milagroso, que pertenece a la misma familia del DES, y con los mismos efectos sobre los pollos recién nacidos: feminizaba a los machos.
Tenemos entre manos el libro: Nuestro Futuro Robado, (1.997), que es una verdadera bomba, escrito por dos prominentes científicos ambientales y una galardonada periodista especializada en medio ambiente, reúne por primera vez, las alarmantes evidencias de las sustancias químicas que suplantan a las hormonas naturales, trastornando los procesos normales de reproducción y desarrollo.
La cantidad de espermatozoides en los hombres ha descendido hasta un cincuenta por ciento y las mujeres se enfrentan a un espectacular aumento en los cánceres relacionados con hormonas y otros trastornos.
La preocupación científica crece: en Julio de 1.991, un grupo de científicos, incluidos los autores del libro, se reunieron para discutir esta problemática y precisaron una declaración llamada de Wingspread. De allí algunas trágicas conclusiones:
* A menos que se reduzca y controle la carga ambiental de disruptores hormonales sintéticos, es posible una disyunción en gran escala a nivel de la población.
Es un libro tremendamente importante para el Tolima, campeón en el uso de agroquímicos, ya que explica el profundo impacto humano sobre el medio ambiente, sobre la integridad y supervivencia de nuestra especie y especialmente el futuro genético y sexual de nuestros hijos y sus descendientes.
ASPARTAME: veneno en las colas dietéticas: un ingrediente dietético muy tóxico para la salud.
Los tentáculos de las transnacionales son tan largos, enredados y ocultos, que no percibimos que nos penetran por todos lados: en la información, en la ropa, en los alimentos transgénicos, en las gaseosas, pesticidas, etc., etc. Tal es el caso de Monsanto, que en su expresión más ordinaria exprimió a la revista The Ecologist, por haber dedicado un número a la discusión de las nuevas biotecnologías.
Monsanto, es la transnacional agroquímica que, en los últimos años, ha invertido con más fuerza en la ingeniería genética aplicada a la agricultura y a la ganadería. Esta poderosa empresa destruyó la totalidad de la edición de la revista The Ecologist en septiembre de 1.998, asestando un duro golpe a la libertad de expresión.
Bueno, pues la misma Monsanto es creadora del Aspartame, un mortífero químico, comercializado con los nombres de Nutrasweet, Equal y Spoonful. El Aspartame está asociado químicamente a unos 5.000 productos, y causa tantos problemas que fue denunciado en el Congreso Americano de Médicos. Pero el mayor impacto lo produjo su presencia en la coca dietética y Pepsi dietética y en muchos productos de amplio consumo en los Estados Unidos y en el Mundo entero.
El hecho que ha causado mayor revuelo es la transformación química del Aspartame cuando la temperatura excede de 86 grados Fahrenheit (30º C.)**: El alcohol contenido se transforma en formaldehído y luego en ácido fórmico, que causa acidosis metabólica.
Igualmente, se presentaron investigaciones que afirmaron que el metanol en el Aspartame se convierte en formaldehído en la retina del ojo y el formaldehído es tan tóxico como el cianuro o el arsénico; pero con la diferencia que mata lenta y silenciosamente, causando innumerables problemas neurológicos.
Sustentaron en el Congreso americano de Médicos que el Aspartame es especialmente mortífero para los diabéticos y que su consumo hace perder el control del azúcar en la sangre y, por tanto, los pacientes sufrían graves pérdidas de memoria y eventualmente coma y muerte.
La enfermedad del Aspartame es parcialmente la causa de lo que está detrás del misterio de los problemas de salud de la Tormenta del Desierto. La conclusión sale del envío y consumo de miles de cajas de bebidas dietéticas a las tropas. Cajas que estuvieron bajo el sol de Arabia a 120º Fahrenheit, durante varias semanas, antes del consumo masivo de hombres y mujeres que prestaban servicio.
El doctor Roberts dice que <<Consumir Aspartame al momento de la concepción puede causar malformaciones congénitas>>.
El texto firmado y enviado por la doctora Nancy Markle, insiste en que “Si Ud. Está tomando Aspartame, Nutrasweet, Equal, Spoonful, y sufre síntomas como: espasmos, dolores punzantes, mareos, entumecimientos en las piernas, calambres, mareos,  dolores de cabeza, nistagmos, dolores en las articulaciones, depresión, ataques de ansiedad, dificultad en el habla, visión borrosa o pérdida de memoria, probablemente tenga la enfermedad del Aspartame”.
Los transgénicos ya están en nuestros campos y en nuestros platos.
En su sentido más amplio, todas las actividades agropecuarias presuponen biotecnologías, o sea, tecnologías cuyo soporte son seres vivos. En este amplio sentido, los seres humanos somos <<biotecnológicos>>, al menos desde que nos hicimos agricultores y pastores, por allá por el Neolítico, hace unos diez mil años; cuando aprendimos a cultivar plantas y a criar animales; cuando nos inventamos la selección de las mejores plantas para guardar semillas; o fermentaciones con bacterias y levaduras para hacer el pan, la cerveza, el vino, el yogur, queso, el alcohol.....
Pero en este momento de fuertes inversiones de dólares en la biología molecular, ya no se habla del yogur y del queso, sino de novedosas y potentísimas biotecnologías. Desde la segunda mitad del siglo XX, las nuevas biotecnologías se orientan por caminos diferentes, especialmente con la revolución del ADN.
Comienza a hablarse de muta génesis artificial, clonación molecular, fusión celular, cultivos in vitro, bioingeniería, pero especialmente se financia la investigación de las técnicas del ADN recombinante o <<ingeniería genética>> que permite <<recortar y pegar>> material genético de unos organismos vivos en otros, surgiendo así organismos artificiales que la naturaleza nunca habría llegado a producir.
Lo más grave de este proceso es que mantiene a la población mundial ignorante mientras se investiga con un ritmo demencial. En 1.998 se plantaron en todo el mundo 33 millones de hectáreas de cultivos transgénicos (88% en EE.UU.), 14 millones de soya transgénica y 8 millones de maíz. En silencio llegan los barcos a los países subdesarrollados en donde se les mete, en los animales, en la alimentación y de allí pasan a la carne, leche, huevos y alimentos procesados.
Entre 1.989 y 1.992 murieron en Estados Unidos 38 personas, más de 150 recibieron daños permanentes y varios millares más se vieron afectadas por una rara enfermedad que causa trastornos en la sangre y graves dolores musculares, y se puso de manifiesto que su origen había sido la ingestión de uno de los primeros productos alimentarios elaborados mediante procedimientos de ingeniería genética: el L-triptófano.
Los peligros de las modificaciones de los seres vivos pueden resumirse en cuatro grandes categorías de riesgo:
1.         Riesgos Sanitarios, (una planta transgénica puede estar dotada de resistencia a un                               antibiótico);
2.         Riesgos Ecológicos, (por contaminación de aguas con bacterias que han sido manipuladas                         genéticamente);
3.         Riesgos Sociopolíticos, (podrían producir algunos productos desde los laboratorios como la                    cafeína y acabar con el mercado internacional);
4.         Riesgos para la naturaleza humana, (si ya se clonaron ovejas se podrían clonar seres                           humanos). A la fecha de trascripción de este artículo es noticia mundial que lo han hecho ya                  al clonar una niña de una señora italiana; el secreto se mantiene aún muy guardado. **
Los graves riesgos asociados con la manipulación genética hacen que esta deba conceptuarse como actividad altamente peligrosa.
Los transgénicos y el paro arrocero, una norma para la privatización de la vida.
La esencia del problema no es la biotecnología en sí misma, sino la <<biotecnología de las multinacionales>>, y en el corazón del problema está el hecho de que la biotecnología de las multinacionales tiende a convertirse en toda la biotecnología; la que domina los cultivos mundiales, que controla las exportaciones de arroz, venga de donde venga, de soya, de algodón, de maíz, etc.
El asunto del imperio de los genes es tan grave y tan lucrativo, que intentaron mantenerlo clandestino durante muchos años, casi desde el descubrimiento de la estructura del ADN, mientras se avanzaba en el desarrollo de tecnologías de ingeniería genética para abrir las posibilidades de producir masivamente organismos transgénicos.
En Europa el problema está en la mesa de los cuestionamientos. Para superar un poco la desinformación masiva, los españoles de Barcelona que son los más chéveres, recientemente han publicado un texto para la academia popular, con un nombre rebuscado: Argumentos Recombinantes: sobre cultivos y alimentos transgénicos; en 148 páginas hacen un completo debate científico de los transgénicos.
Nuestro libro en cuestión trae 8 formas con las que la biotecnología de las multinacionales está dañando la democracia; son de tal magnitud que producen lágrimas las discusiones en el Congreso de la República, en San Vicente del Caguán y las suposiciones de intervención gringa: los transgénicos son una forma de penetración mucho más segura que las otras y ya la tenemos dentro.
En Colombia Mario Mejía Gutiérrez publica la revista abeja (e-mail: mariomejia@hotmail.com), cuyo artículo central está dedicado a la ingeniería genética con una minuciosidad tal que la convierte en lectura obligatoria). Registra, entre otras cosas, que el CIAT desde 1.992 está investigando en transgénesis de arroz, fríjol, papa, tomate, arveja tabaco. Igualmente denuncia la resolución del ICA que abre la puerta a la introducción de transgénicos a Colombia.
Paralelamente con estas tendencias, nuestros arroceros organizados se lanzan a un paro nacional, con <<resultados exitosos>>, en una tenaz lucha contra las importaciones del Ecuador. Compulsivamente, nos toca reflexionar sobre el real enemigo. Personalmente pienso que están fuera del tiesto.
El problema no es la importación de un producto en particular, el problema es la contaminación biológica originada por la ingeniería genética, inventada por los poderosos como instrumento de dominación a su servicio y guardada en las arcas de las multinacionales  para reventar a los pobres del Tercer Mundo y el enemigo está en las transnacionales y sus oficiosos colaboradores nacionales que desde el gobierno e instituciones como el ICA y el CIAT, les entregaron el país agrícola.
PREGUNTAS DE CONTROL DE ACCESO AL CONOCIMIENTO;

EL PENSAMIENTO CRÍTICO EN UN MUNDO INCIERTO
Autor; Dr. Renán Vega Cantor
humanidadenred. org

“Si nuestra América no ha de ser sino una prolongación de Europa; si lo único que hacemos es ofrecer suelo nuevo a la explotación del hombre por el hombre (y por desgracia esa es hasta ahora nuestra única realidad), si no nos decidimos a que ésta sea la tierra de promisión para la humanidad cansada de buscarla en todos los climas, no tenemos justificación: sería preferible dejar desiertas nuestras altiplanicies y nuestras pampas si sólo hubieran de servir para que en ellas se multiplicaran los dolores humanos, no los dolores que nada alcanzará a evitar nunca, los que son hijos del amor y la muerte, sino los que la codicia y la soberbia infligen al débil y al hambriento. Nuestra América se justificará ante la humanidad del futuro cuando, constituida en magna patria, fuerte y próspera por los dones de la naturaleza y por el trabajo de sus hijos, dé el ejemplo de la sociedad donde se cumple la ‘emancipación del brazo y la inteligencia'”. (Pedro Henríquez Ureña, “Patria de la justicia” (1925), en La utopía de América, Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1989 p. 11.)
Aunque el tema central que nos convoca en esta ocasión está directamente relacionado con la vigencia del pensamiento crítico, no es posible efectuar un análisis abstracto del mundo de las ideas al margen de la realidad social en la que vivimos, sin caer en un idealismo vacío e insustancial. Si concebimos al pensamiento crítico como una filosofía de la praxis, debemos referirnos a la historia, a los problemas concretos, a las luchas prácticas y a las expectativas reales de sujetos de carne y hueso en una situación específica. En concordancia con esta proposición, en esta oportunidad quiero referirme a tres tópicos que versan principalmente sobre Colombia, el país de donde vengo y donde vivo. En su orden: primero, la desgracia de ser un país rico en recursos; segundo, el intocable terrorismo de Estado; y, tercero, qué podría hacer el pensamiento crítico en un contexto tan desolador.
1. - Colombia: la desgracia de ser un país rico
Colombia, el país en el que vivo, está atravesada por las más tremendas contradicciones del mundo contemporáneo. Es un territorio con una extraordinaria diversidad y riqueza natural y cultural, en cuyo seno se encuentran todos los pisos térmicos y una gran variedad de paisajes y de climas, dos costas, escarpadas montañas, extensas altiplanicies y llanuras, bosques, selvas y ríos caudalosos. Allí se alberga una gran riqueza natural, que es también una de las razones de nuestra desgracia, como les sucede a los países que cuentan con recursos. Como parte de esa riqueza natural contamos con minerales, maderas, agua y biodiversidad a granel. En biodiversidad, Colombia es uno de los cuatro territorios más ricos del mundo, por sus numerosas y variadas especies de plantas y animales, un tesoro invaluable hoy como ayer apetecido por los poderes imperialistas. En esos suelos fértiles desde hace miles de años se han desarrollado complejas sociedades y culturas, un resultado de la mezcla étnica, voluntaria y forzada, como producto de las sucesivas fases de sometimiento de los comunidades aborígenes desde comienzos del siglo XVI. Algunos de los pueblos originarios descendientes de nuestros primeros padres, sobreviven arrinconados en tierras de ladera o en lo profundo de la selva, pese a todas las campañas de exterminio libradas contra ellos en los últimos cinco siglos, por los conquistadores europeos y sus descendientes criollos. En total, en el actual territorio colombiano existen unas 80 etnias, que agrupan a algo más de un millón de seres humanos, con sus propias formas de organización social, costumbres y tradiciones y muchas de ellas conservan sus lenguas vernáculas.
Como parte de esa diversidad cultural, sobresale el aporte de los pueblos africanos que fueron traídos brutalmente como esclavos y que, en medio de la opresión, la discriminación y la explotación, dieron origen a comunidades de libertos y campesinos que se asentaron en diversos sitios del país, en especial en sus zonas costeras, en valles y esteros. La mezcla de europeos, pobres y ricos, con los indígenas y los negros esclavizados dio origen a los campesinos colombianos, mestizos por excelencia que hasta hace no mucho tiempo eran la mayoría indiscutible de la población y que en la actualidad representan el 25 por ciento de todos los habitantes del país.
Colombia es, entonces, un crisol de pueblos y culturas, en donde se hablan más de medio centenar de lenguas, con una notable diversidad regional y variadas costumbres y tradiciones. Esa diversidad cultural está seriamente amenazada por voraces empresas transnacionales que, en alianza con capitalistas locales, se están apropiando a mansalva de las tierras, recursos y saberes autóctonos. Estas prácticas de biopiratería buscan expropiar conocimientos ancestrales, muy útiles a grandes conglomerados transnacionales en su pretensión de mercantilizar la naturaleza. El Tribunal Permanente de los Pueblos que terminó sus sesiones en Bogotá hace pocos días verificó “el peligro inminente de extinción física y cultural de 28 pueblos indígenas, que en la mayoría de los casos están formados por menos de un centenar de personas por pueblo, debatiéndose entre la vida y la muerte”. Y concluyó que “su desaparición de la faz de la tierra constituiría, en pleno siglo XXI, además de una vergüenza para el Estado colombiano y para la humanidad entera, un genocidio y un crimen de lesa humanidad por su acción u omisión institucional de atender a estos pueblos que de manera irreversible están a punto de extinguirse”.
Colombia es, al mismo tiempo, uno de los países más injustos de nuestra América y del mundo, puesto que a la par con esa inestimable riqueza natural, humana y cultural, existen los más aberrantes niveles de desigualdad, una característica estructural de nuestra sociedad, que explica en gran medida la violencia que nos ha asolado durante los últimos 60 años. En Colombia desde los tiempos de la colonia se formaron poderosos terratenientes, cuyos herederos actuales son amos y señores de cuerpos y almas, apoyados por las altas jerarquías de la iglesia católica y el ejército, en consonancia con la santa alianza entre la cruz y la espada. Eso ha dado origen a una terrible polaridad social, en la cual terratenientes de toda especie (ganaderos, propietarios ausentistas, exportadores de productos primarios, narcotraficantes y paramilitares) , que representan solamente el 0.4 por ciento del total de propietarios, son dueños del 61 por ciento de las tierras del país, de las más productivas y de las mejor situadas, y el 54 por ciento de pequeños propietarios (campesinos minifundistas, colonos, indígenas, comunidades afrodescendientes) sólo poseen el 1,7 por ciento de la tierra, como resultado de lo cual existen 8 millones de pobres rurales. En Colombia, a diferencia de otros países de América Latina (México, Cuba o Perú) nunca se llevó a cabo una reforma agraria que intentara democratizar la propiedad y uso de la tierra, y los tímidos intentos de corte redistributivo a la larga terminaron por fortalecer el poder de los terratenientes, ligados a otras fracciones del capital, tanto nacional como extranjero. No es de extrañar, en este sentido, que empresas multinacionales como La United Fruit Company (hoy Chiquita Brands) haya constituido un enclave territorial en la costa atlántica colombiana durante las primeras décadas del siglo XX y que esas mismas empresas estén impulsando ahora mismo una nueva apropiación de tierras y riquezas a lo largo y ancho del país. Eso ha cobrado fuerza en los últimos años con la apertura incondicional a los monopolios transnacionales y nunca antes en la historia nacional se habían registrado tales niveles de inversión extranjera como los actuales –se pasó de 3.768 millones de dólares en el 2000 a 10.085 en el 2005- y, por supuesto de utilidades remitidas al exterior –que saltaron de 673 millones de dólares en el 2000 a 6.535 en el 2007, con un crecimiento de casi el 1.000 por ciento.
Esta característica estructural de monopolio terrateniente del suelo, se ha acentuado en los últimos años, con el despojo de cinco millones de hectáreas de tierra por parte de fuerzas paraestatales. Estas tierras, como expresión de una típica revancha terrateniente, han sido arrebatadas a los campesinos y apropiados por viejos y nuevos hacendados, para ampliar sus fincas ganaderas, sembrar palma africana y otros cultivos de exportación, ahora usadas para producir necrocombustibles. Este hecho explica el despojo y el destierro de cuatro millones de colombianos en su propio país, lo cual nos ubica entre los dos países del mundo con más desplazados internos, disputándonos palmo a palmo con Sudán un deshonroso primer lugar en tan indigna acción...
Como las clases dominantes de Colombia nunca han querido repartir ni un centímetro de tierra, han expulsado violentamente a los campesinos hacia los límites de la frontera agrícola, con lo cual se ha poblado el país, a costa de indígenas y comunidades afro descendientes, mientras las mejores tierras siguen en manos de los grandes propietarios. Esa expulsión campesina llegó a las ciudades, desde finales de la década de 1940, originando una urbanización acelerada y profundamente antidemocrática, porque en las ciudades se ha ido reproduciendo, a su modo, la injusticia del mundo rural, pues un puñado de potentados, ligado al capital financiero, se ha enriquecido a costa del hambre de tierras urbanas de los más pobres, que cíclicamente llegan huyendo de la violencia y de la miseria que impera en los campos colombianos. Eso explica que hoy por hoy la mayor parte de la población del país malviva en las ciudades (algo más del 70 por ciento), y millones de personas no cuenten con los más elementales servicios públicos, estén desempleados, vivan del rebusque diario y se encuentren arrinconados en barrios tuguriales. Al mismo tiempo, en esos espacios urbanos, como parte de la lógica injusta del capitalismo, existen guetos de riqueza de las clases dominantes y de reductos de las clases medias, como se aprecia en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y otras ciudades del país, en donde se vive con todas las comodidades y el confort de las elites de los Estados Unidos o de Europa.
No es difícil documentar la magnitud de la horrorosa desigualdad de la sociedad colombiana: hay veinte millones de pobres y 7 millones de personas viven en la absoluta miseria, lo cual quiere decir que uno de cada dos colombianos es pobre y uno de cada seis es indigente; el desempleo afecta, según cifras oficiales, a dos millones doscientas mil personas y si a ellas le sumamos las que sufren el subempleo y otras formas disfrazadas de desempleo, tenemos que el desempleo real cobija a unas 9 millones de personas, el 41 por ciento de una población económicamente activa de 20 millones. Y la gran mayoría de los que tienen empleo soporta condiciones laborales indignas e inhumanas, como producto de la flexibilización y precarización laboral, de la pérdida de derechos, de la imposibilidad de organizarse sindicalmente, de la contratación temporal y de la ampliación de la jornada laboral, porque en una especie de revolución conceptual en la astronomía, que erizaría la piel de Kepler y Copérnico, el actual gobierno determinó extender por decreto el día de las seis de la mañana a las diez de la noche, para que los empresarios no paguen horas extras ni recargos nocturnos.
Para completar, las reformas tributarias de los últimos años han aumentado la desigualdad, puesto que han disminuido o suprimido impuestos a los ricos con el pretexto de aumentar la inversión de capital privado, tanto nacional como internacional, mientras que se ha generalizado el impuesto al valor agregado y las tributos directos que pagan los asalariados y los pobres. De esta forma, en tanto que un trabajador paga impuestos sobre sus ingresos, las empresas cotizan, cuando lo hacen, sobre sus ganancias y no sobre su patrimonio.
La concentración de la riqueza es de tal índole que hace de Colombia un país terriblemente injusto, como se comprueba con unos pocos datos del Informe de Desarrollo Humano, versión 2005: “58 personas pobres (del 10% de menores ingresos) reciben el mismo ingreso que 1 persona rica (del 10% con mayores ingresos), Colombia es el undécimo país más desigual del mundo con un Coeficiente de Gini de 57,6.; El 20% más rico de los colombianos consume el 62% de los bienes y servicios y el 20% más pobre consume el 3%.”. Un dato sintético nos indica que el ingreso acumulado del 80 por ciento de los colombianos es inferior a los ingresos totales del 10 por ciento más rico, los verdaderos dueños del país.
Esta profunda desigualdad de la sociedad colombiana ha sido preservada históricamente mediante varios mecanismos. Al respecto, vale mencionar los elementos ideológicos de que se han valido las clases dominantes en Colombia para mantener su hegemonía, entre los cuales sobresalen los mitos desmovilizadores y, más recientemente, el uso del poder mediático. Esas clases dominantes se han encargado de construir dos mitos de larga duración, tanto para uso interno como fuera del país. El primer mito sostiene que la Colombia actual desde temprana época, a finales del siglo XVIII, se convirtió en una sociedad mestiza, en la que, por ende, nunca ha existido discriminación étnica ni desigualdad racial. Esta falacia, repetida hasta la saciedad, fue construida para invisibilizar a indígenas y afro descendientes, justificar la apropiación de sus tierras y de sus riquezas, legitimar su persecución y exterminio y entregar sus suelos a empresarios locales o extranjeros, como viene sucediendo con las empresas petroleras desde comienzos del siglo XX. Con este embuste de un pretendido mestizaje democrático, las clases dominantes de Colombia han buscado marginar, cuando no exterminar, a indígenas y negros, considerados como inferiores, para no reconocerlos ni como seres humanos ni como comunidades o individuos con derechos, sino solamente como peones o como carne de cañón y de urna.
El segundo mito desmovilizador, más acentuado que el primero y de difusión internacional, asegura que Colombia es la democracia más antigua y más sólida de América Latina. Esto no deja de ser una falacia o un mal chiste, sobre todo para los que vivimos en ese país. Es una falacia, como puede probarse mencionando, de paso, algunos aspectos políticos, económicos y sociales. En términos políticos, durante más de un siglo y medio las clases dominantes han usufructuado el poder valiéndose de dos partidos, el liberal y el conservador, que se han turnado o han compartido el control del gobierno y del Estado, cerrando cualquier posibilidad de participación política a fuerzas diferentes, mediante el asesinato y la persecución, siendo este otro de los factores estructurales que explica la constante violencia en Colombia, Incluso, cuando en el seno mismo de esos partidos tradicionales han existido personajes que se han atrevido a cuestionar la injusticia y la desigualdad, han sido vistos como sujetos peligros y las clases dominantes no han dudado en eliminarlos, como sucedió con el caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán en 1948.
En términos económicos, cuatro grupos monopólicos, estrechamente ligados al capital imperialista, son dueños de las más diversas actividades económicas y productivas, siendo los que finalmente decide quien hegemoniza el poder político. Esos grupos económicos dominan los medios de comunicación, ahora en alianza con capital español, y por eso en Colombia, dos canales de televisión privados, dos cadenas de radio y un periódico de circulación nacional dictaminan qué se dice y se piensa en nuestra sociedad. Es una dictadura mediática de los grandes grupos económicos, a través de sus empresas periodísticas, que configuran un cartel del terrorismo ideológico y cultural y son los puntales de la guerra informativa contra la población y contra todos los que consideran sus enemigos (como lo han podido comprobar recientemente los gobiernos de Ecuador, Venezuela y Nicaragua). Allí se encuentran pocas familias, como los Santos, Ardila Lule, Santo Domingo y los grupos Prisa y Planeta de España. ¿Qué democracia puede haber en un país de 45 millones de habitantes, en el cual sólo unos cuantos empresarios de los medios controlan todo lo que se mueve y produce, incluyendo la información?
En términos sociales, la desigualdad y la injusticia estructural del país se han agravado con la aplicación del recetario neoliberal, la apertura comercial y la arremetida imperialista durante los últimos 20 años. Así, En Colombia se han privatizado las más importantes empresas públicas y la salud, la educación y la cultura se han convertido en negocios rentables para llenar el bolsillo de los capitalistas nacionales o internacionales. Igualmente, Colombia es un país militarizado al extremo, hasta el punto que hoy tiene un ejército de 400 mil efectivos y cuenta con más policías y soldados que profesores, médicos o enfermeros, lo que hace que, en términos de inversión militar con relación al PIB, sea el tercer país más militarizado del orbe, sólo superado por Israel y Burundi. Este crecimiento desmesurado del gasto militar ha sido posible por la “ayuda” de los Estados Unidos que le suministra al gobierno colombiano más de dos millones de dólares diarios para la guerra interna. Por tal razón, tenemos el dudoso privilegio de ser el tercer país en recibir “donaciones” monetarias para la muerte por parte de los Estados Unidos, por debajo de Israel y Egipto. (No por casualidad, como lo ha señalado Noam Chomsky, existe una correlación directa entre ayuda militar estadounidense y violación sistemática de los derechos humanos, como se confirma en el caso de nuestro país).
Como lo subrayó el Tribunal Permanente de los pueblos: “Colombia parece presentarse (…) como un verdadero laboratorio político institucional donde los intereses de los actores económicos nacionales e internacionales son plenamente defendidos a través del abandono por el Estado de sus funciones y de su deber constitucional de defensa de la dignidad y de la vida de una gran parte de la población, a la cual se aplica, como si de un enemigo se tratara, la doctrina de la seguridad nacional, en su versión colombiana”. Con todas estas características, si se pudiera usar el término de democracia para hablar de Colombia, lo cual es un verdadero contrasentido, habría que hablar de una “democracia genocida”.
2.- 60 años de terrorismo de Estado y de impunidad
Ufanarse por parte de las clases dominantes que Colombia es la democracia más antigua y sólida del continente, ha servido para ocultar ante la faz del mundo el terrorismo de Estado más prolongado de nuestra América y uno de los más constantes en todo el planeta. En efecto, en mi país ha existido en los últimos 60 años (desde poco antes del asesinato de Gaitán el 9 de abril de 1948) una interminable impunidad estatal –junto desde luego, a la impunidad de las clases dominantes-, que ha sobrevivido a todos los cambios experimentados en nuestro continente y en el mundo. Mientras que en el cono sur y en Centroamérica se terminaron las dictaduras militares de seguridad nacional, con su estela de sangre, terror y desaparecidos, en Colombia no hubo necesidad de recurrir a la dictadura abierta, porque con el régimen existente, aparentemente civil y democrático, se han podido cometer, hasta ahora, tantos o más crímenes que los realizados por las dictaduras de Videla, Pinochet o los generales brasileños, todos juntos. Según la ONU, Colombia es uno de los pocos países de nuestra América donde todavía hoy se sigue practicando la horrorosa práctica de la desaparición forzosa. Aunque la guerra fría terminó hace dos décadas, en Colombia se mantiene, con la misma lógica anticomunista y contrainsurgente de siempre, puesto que el solo hecho de pensar, no digamos diferente, sino simplemente de pensar es un delito, del que se derivan todas las consecuencias posibles: acoso, persecución, señalamiento, cárcel, exilio, desaparición o muerte. Es bueno enfatizar que en Colombia no se prohíbe la disidencia o la protesta, sino que simplemente se mata al que disienta o proteste, como alguna vez lo dijera el periodista Antonio Caballero.
Mientras en otros lugares (El Salvador, Guatemala) se dieron procesos de paz que implicaron para las clases dominantes de esos países impulsar algunas tímidas reformas sociales, económicas y políticas y reconocer la existencia de los adversarios como interlocutores válidos, en Colombia la oligarquía criolla no quiere repartir nada, ni un centímetro de tierra, ni redistribuir ingresos, ni mejorar las condiciones de vida de la población, y por ello ha optado por la vía de la tierra arrasada, mediante el Plan Colombia y la instalación de bases militares de los Estados Unidos en nuestro suelo.
Ese terrorismo de Estado, tan prolongado e impune como el de Israel (cronológicamente coinciden con terrible exactitud) y solamente superado por el campeón mundial del terrorismo de Estado (por supuesto el de Estados Unidos), ha perdurado mucho más tiempo que las dictaduras de Stroessner en Paraguay, de los Somoza en Nicaragua, de los Duvalier en Haití, o de Trujillo en República Dominicana. Se ha mantenido incluso más allá de la “dictadura perfecta”, la del PRI mexicano.
Ese terrorismo de Estado, apoyado en grupos paramilitares, utiliza símbolos y nombres similares en dos períodos históricos distanciados por medio siglo, en la época de la primera Violencia y en la actualidad. Los sicarios conservadores de la década de 1950 se autodenominaban pájaros y el más famoso de ellos era conocido como El Cóndor, amigo íntimo de políticos conservadores y de militares que llegaron a la presidencia de la República. Hoy los grupos emergentes de paramilitares se proclaman como las águilas negras, y su cercanía con el poder político y empresarial es evidente, como para comprobar que no es mucho lo que ha evolucionado la fauna parasicarial en Colombia, ya que en medio siglo sólo se ha dado una mutación semántica que nos ha llevado de los pájaros a las águilas negras.
La persistencia del terrorismo de Estado en Colombia ha dejado una impresionante secuela de víctimas, una contribución a la historia universal de la infamia, de la cual solamente quiero recordar algunos hechos. En los últimos 20 años han sido asesinados 3000 dirigentes sindicales, constituyéndose en el país del orbe más peligroso para ejercer cualquier actividad gremial, hasta el punto que de cada 10 sindicalistas asesinados en el mundo, 9 lo son en Colombia. En esa lógica de terror contra los trabajadores, con la participación de empresas multinacionales (Coca-Cola, Chiquita Brands, Nestlé, La Drumond...), han sido aniquilados sindicatos completos, como sucedió con el de los bananeros en Urabá o con el de la palma africana en el departamento de Cesar y otros han sido sistemáticamente perseguidos, como la Unión Sindical Obrera que agrupa a los trabajadores petroleros, cien de cuyos dirigentes y miembros han sido asesinados después de 1988.
Como parte de esa lógica del terror, en Colombia se planificó y ejecutó el genocidio político de una organización de izquierda, la Unión Patriótica, que fue aniquilada en las décadas de 1980 y 1990, con el asesinato de 5000 de sus militantes, incluyendo senadores, concejales y alcaldes.
El asesinato de dirigentes campesinos, de defensores de derechos humanos, de periodistas, de profesores, de estudiantes, de luchadores sociales ha sido y es la pauta típica del terrorismo de Estado hasta el día de hoy, sin que sus responsables, asociados en gran medida al capital privado, a las fuerzas armadas y a los terratenientes, sean condenados y antes por el contrario hoy sean vistos como prósperos empresarios o salvadores del país, que se pavonean orondos de sus crímenes, tanto en Colombia como en el exterior.
En este país se ha generalizado el terror de múltiples formas por parte de sectores de la extrema derecha, mediante matanzas indiscriminadas desde 1981, cuando apareció en escena el primer grupo paramilitar en el Magdalena Medio. Desde entonces hemos vivido horrores indescriptibles, masacres de una inconcebible sevicia, crímenes que son el telón de fondo de lo que en forma benigna se ha llamado la parapolítica, por lo cual están detenidos más de 30 senadores de la coalición de gobierno. La parapolítica simplemente es un eufemismo para camuflar la magnitud de los delitos de lesa humanidad que ha producido la alianza macabra de grupos de matones con políticos, terratenientes, militares, empresarios y multinacionales, con la finalidad de eliminar a todos los seres humanos considerados como enemigos y obstáculos de la acumulación de capital mafioso imperante en Colombia. Porque, de paso, en ese país sí que se aplica la notable distinción de Leonardo Sasccia, cuando dijo que “la mafia es un capitalismo ilegal, mientras que el capitalismo es una mafia legal”.
De la misma manera, en Colombia hay miles de desaparecidos por razones políticas o reivindicativas desde 1977, cuando fue raptada y luego desaparecida en la ciudad de Barranquilla por organismos de seguridad del estado Omaira Montoya Henao, una bacterióloga de 34 años y militante de izquierda. Esta práctica criminal no ha cesado y se mantiene hasta el día de hoy.
Si se hiciera un minuto de silencio por cada uno de los muertos, torturados y desaparecidos que se han presentado en Colombia en los últimos sesenta años, tendríamos que permanecer callados, por lo menos, durante dos años continuos. Tal es la magnitud de la impunidad del terrorismo de Estado imperante en Colombia, del cual es cómplice y copartícipe el imperialismo estadounidense y ese conjunto de delincuentes que se autodenomina comunidad internacional. Por todos aquellos que he nombrado (sindicalistas, indígenas, dirigentes campesinos y populares, defensores de derechos humanos, estudiantes, profesores, mujeres e intelectuales) y que han sido asesinados, torturados o desaparecidos nunca se ha convocado a una marcha por parte de la poderosos medios de comunicación, ni se han organizado conciertos para escuchar a cantantes destemplados, como si, sencillamente, esos muertos y desaparecidos nunca hubieran existido o no fueran importantes. A esos colombianos humildes y pensantes que han sido asesinados y masacrados por el capitalismo colombiano quiero recordarlos en esta ocasión y rendirles un tributo de reconocimiento, porque su lucha forma parte de la memoria y de la dignidad de quienes no se han resignado a creer que la violencia en Colombia es un castigo divino, sino que es producto de un sistema profundamente injusto y desigual y que han soñado con un país decente, muy distinto al actual, gansteril y mafioso.
Bombardear un país vecino, violar el derecho internacional humanitario y las leyes de guerra –usando los símbolos de la Cruz Roja, TeleSur y de una ONG humanitaria de Barcelona- calumniar e inculpar a presidentes de otros estados, oponerse al derecho de asilo…, son prácticas terroristas que han evidenciado ante la faz del mundo en el último año, pero sólo son un pálido reflejo del terrorismo de estado que los colombianos comunes y corrientes han soportado durante más de medio siglo. Lo que está aconteciendo ahora confirma que en Colombia, el Estado y las clases dominantes se han convertido en fichas incondicionales de los Estados Unidos en nuestra América, para fungir como el portaaviones terrestre de la guerra preventiva y como punta de lanza de los intereses del imperialismo en su sed insaciable de apropiarse de riquezas y recursos. Para hacerlo posible, Estados Unidos directamente o por intermedio de Colombia necesita sabotear los procesos autónomos y soberanos que se impulsan, entre logros y tropiezos, en distintos países sudamericanos.
Desde luego, ese comportamiento internacional del Estado colombiano tampoco es nuevo, puesto que durante los últimos sesenta años, para vergüenza de nuestra América, sucesivos gobiernos han respaldado o participado en hechos tan lamentables como la Guerra de Corea, a comienzos de la década de 1950, o la criminal invasión a Irak en los últimos cinco años. El gobierno colombiano actual ha sido el único de la región en aplaudir las maniobras de la IV flota imperial de los Estados Unidos en el Mar Caribe y en respaldar a la Unión Europea en su directiva xenófoba y racista contra los inmigrantes. Como parte de esa historia de traición de los gobiernos colombianos a otros países sudamericanos, recordemos que en 1982, el presidente de entonces fue el único de Sudamérica en respaldar al Reino Unido y a Estados Unidos en el conflicto de las Malvinas. ¡Todos estos acontecimientos demuestran que el síndrome de Caín también es una característica estructural de las clases dominantes de ese sufrido país!
Cabe preguntarse, ¿por qué ha persistido durante tanto tiempo ese terrorismo de Estado con todas sus secuelas de sangre y horror? Puede responderse diciendo que una razón fundamental se encuentra en la permanente resistencia de importantes sectores de la población al modelo capitalista gansteril existente en nuestro país. Porque, a pesar de la violencia estatal y paraestatal, en Colombia en las últimas décadas se ha dado un extraordinario proceso de resistencia con variadas formas de lucha, en donde han participado indígenas, campesinos, comunidades afro descendientes, trabajadores sindicalizados, estudiantes de escuelas y universidades públicas, trabajadores de la cultura y algunos intelectuales y entre la que hay que situar también el surgimiento de la insurgencia armada. El terrorismo de estado existe porque, a pesar de todos los esfuerzos y propaganda, las clases dominantes no han podido erradicar de importantes sectores de la población colombiana, la semilla de la rebelión, de la inconformidad y de la resistencia.
3. ¿Qué puede hacer el pensamiento crítico?
En el contexto antes señalado, vale preguntarse qué función tiene el pensamiento crítico en una sociedad como la colombiana, en la cual se ha impuesto, tal vez como en pocos lugares del continente, el pensamiento único de clara estirpe neoliberal, impulsado por los medios de comunicación, las clases dominantes y las multinacionales, todo lo cual, junto con la violencia, ha llevado al arrinconamiento y a la asfixia de la intelectualidad de izquierda, la mayor parte de la cual fue cooptada por el propio capitalismo en las últimas décadas. Esto ha hecho que ciertos escritores, investigadores y profesores universitarios, provenientes de la izquierda, se convirtieran en los intelectuales orgánicos de las viejas y nuevas formas de dominación capitalista e imperialista, llegándose al extremo de que hoy algunos plumíferos justifican y aplauden como legítimas las acciones ilegales del régimen colombiano. Estos mercenarios del pensamiento, que han alquilado y vendido su conciencia a muy bajo precio, cumplen la función de justificar el terrorismo de estado contra la población colombiana a nombre de la pretendida guerra contra el terrorismo, de las supuestas ventajas del libre mercado y de las migajas que les caen al asumir una postura de genuflexión incondicional ante Estados Unidos. Todo eso, además, sólo busca hacer presentables las políticas más antipopulares y vende patrias que se registren en los anales de la historia nacional. A todos esos burócratas del pensamiento, pueden aplicárseles de manera textual las palabras de Bertolt Brecht: “Quien no sabe la verdad sólo es un estúpido, pero quien la sabe y la llama mentira, es un criminal”.
En contravía con ese pensamiento sumiso y servil, en “estos tiempos de mentira e infamia”, como diría Antonio Machado, los intelectuales críticos deben preservar en la labor de desentrañar todas las formas de explotación, opresión y sometimiento, asumiendo el papel de cuestionar las mentiras que a diario nos repiten los medios de intoxicación masiva y los intelectuales domesticados, que sólo buscan embellecer al capitalismo y nublar el entendimiento de la gente. En el mundo incierto en el que nos ha tocado vivir, a esos intelectuales críticos les corresponde ayudar a diseñar instrumentos analíticos, adecuados a las urgencias de nuestra época, que ayuden a entender lo que está pasando, recuperando al mismo tiempo las innumerables luchas y rebeliones que los humillados y ofendidos han librado a través de la historia y contribuyendo a construir alternativas que recuperen la esperanza. Como no podemos permitir que los medios piensen por nosotros, puesto que eso sólo conduce a que se ame a los opresores y se odie a los oprimidos, es imprescindible seguir pensando y actuando en contra de los lugares comunes que pretenden eternizar al capitalismo. Por eso, hemos querido dilucidar el sentido de las patrañas terminológicas de moda (expresadas en términos vacíos y sin sentido como “sociedad del conocimiento” o “imperio”, y muchas más), pero no para quedarnos en la pura crítica, sino para invitar a profesores, estudiantes, líderes sociales, activistas, dirigentes populares y sindicales a que con esfuerzo intelectual superen los múltiples obstáculos y ayuden a diseñar alternativas al capitalismo realmente existente.
La propuesta que ha sido desarrollada en esta obra, busca recalcar que el conocimiento tiene una función social, máxime si presume de ser crítico, porque en la actualidad es urgente recrear la educación política de las nuevas generaciones, evitando los manuales que tanto daño nos hicieron, para incentivar a la gente a pensar por cuenta propia, a no tragar entero lo que dicen los medios de desinformación, ni a creer en toda la propaganda que nos anuncia a diario que estamos ante el fin de la historia y que enfrentar al capitalismo es inútil porque ante el mismo no existen alternativas. En este sentido, reivindicamos un tipo de reflexión proscrita en el mundo académico, que recupera el lenguaje clásico de diversas vertientes emancipatorias, entre las cuales sobresalen variadas interpretaciones marxistas, ambientalistas, feministas, anarquistas, indianistas y críticas de la razón instrumental. Esa reflexión no ha buscado quedarse en la mera contemplación, sino que busca construir con comunidades educativas, docentes y sindicales, entre otras, propuestas teóricas y metodológicas que permitan acercarnos a la comprensión de este mundo incierto, así como en el diseño de instrumentos de conocimiento que integren a grupos humanos, a partir de sus necesidades y expectativas concretas.
En esta investigación se plasma un esfuerzo de síntesis que intenta romper con las especializaciones restringidas en el ámbito de las ciencias sociales que tanto nos constriñen, y analizar grandes problemas de la humanidad, tales como el ecocidio planetario, las formas de explotación del trabajo, la mercantilización de todo lo existente, el impacto contradictorio de la tecno ciencia, las transformaciones educativas y su relación con las políticas imperialistas del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional… . El objetivo ha consistido en presentarles a los profesores, activistas y dirigentes sociales un panorama amplio de los principales cambios mundiales e indagar cómo inciden en diversos aspectos de nuestra realidad cotidiana, y cómo podría aprovecharse esa información en el trabajo intelectual y político práctico en el aula de clase, en el barrio, en el sindicato y en otros espacios. Esto se ha hecho porque consideramos que el conocimiento no debe quedar en manos de expertos que lo monopolizan, sino que el saber tiene una función social que debe ayudar a la gente a enfrentar, con razones y argumentos, los problemas que la afectan. A este respecto, son iluminadoras las palabras del poeta cubano Roberto Fernández Retamar cuando afirma: “La tarea de los intelectuales latinoamericanos y caribeños no puede ser repetir miméticamente lo que una y otra vez Occidente nos propone como verdades (desde el mentido ‘Descubrimiento' hasta la supuesta evaporación del imperialismo) , sino arribar al pensamiento propio de lo que Bolívar llamó un ‘pequeño género humano': el cual, por otra parte, sólo de ésta manera logrará desembocar de veras en esa patria que es la humanidad, como sentenció José Martí”.
En esta perspectiva, quisiera bosquejar algunas de las tareas del pensamiento crítico en estos momentos, a saber su irreducible carácter anticapitalista y antiimperialista, recuperar la idea de totalidad concreta para el análisis y comprensión de la imposición mundial del capitalismo, y, por último, vincularlo a las luchas históricas de los oprimidos.
De una parte, consideramos que el pensamiento crítico, en Colombia y en nuestra América, tiene que ser anticapitalista y antiimperialista, porque si ha de ser crítico tiene que ir a la raíz de los problemas y quien quiera entender y transformar la injusticia y la desigualdad hoy en nuestro continente en el sentido profundo del término se encontrara en el camino, tarde o temprano, con el capitalismo y el imperialismo, algo evidente en el caso colombiano. Sin esas categorías analíticas no es posible entender la acumulación mafiosa de capital y la constitución de una burguesía gansteril, que se ha hecho hegemónica no sólo en Colombia sino en otros países de nuestra América y el mundo.
En la obra que hemos escrito se encuentran innumerables ejemplos de las diversas formas de explotación y de dominación ejercidas por el capitalismo y el imperialismo en los más diversos campos, que van desde la economía, hasta el medio ambiente, pasando por la cultura, la ciencia y la técnica. La óptica anticapitalista permite, en nuestro entender, ir al fondo del asunto de lo que hoy acontece en el mundo y en nuestro continente, porque nos recuerda que es menester ir más allá de las apariencias relucientes de las mercancías y de los supermercados, hasta los hombres y mujeres de carne y hueso que soportan en la vida diaria la explotación, en las maquilas, en las zonas francas, en las fábricas de sudor y de muerte, pero también en las oficinas, en las escuelas, en los consultorios y en todos los lugares de procesamiento informático. Porque los trabajadores siguen existiendo, a pesar de las transformaciones experimentadas por el mundo laboral en las últimas décadas, y continúan siendo el soporte fundamental del capitalismo, quien recurre como siempre a la extorsión de fuerza de trabajo como fuente de acumulación y de ganancia, sin importar la forma ni el tipo de trabajo que se realice.
Ese pensamiento, decimos, precisa ser antiimperialista, porque si algo se ha querido escamotear en las últimas décadas es la existencia de la dominación internacional y de la opresión nacional. El término imperialismo incluso avergüenza a sectores de izquierda que en lugar de usar esa denominación han optado por emplear nociones insustanciales y banales, como las de “globalización” o “era de la información”, con los cuales nos quieren dar a entender que las relaciones internacionales se trasformaron hasta el punto que ya no hay ni dependencia ni dominación entre países, sino interdependencia y ayuda mutua, como expresión del triunfo del mercado. Esa retórica insustancial ha sido desmentida por la dura realidad en los últimos tiempos, como se demuestra con las guerras típicamente imperialistas libradas por Estados Unidos desde diciembre de 1989, cuando fue invadida Panamá. Desde entonces, las continuas agresiones a los países pobres han evidenciado que el imperialismo sigue siendo tan cruel como siempre. En consecuencia, en vísperas de conmemorarse el bicentenario de la primera independencia, hay que proclamar con José Martí la imperiosa urgencia de una segunda emancipación de nuestra patria grande, de todos los imperialismos, incluyendo el europeo, que hipócritamente se presenta como defensor por excelencia de los derechos humanos, mientras, aliado con los Estados Unidos, preserva sus pretensiones de superioridad sobre los pueblos de otras latitudes y respalda el terrorismo y los crímenes de Estado en Palestina, en Afganistán, en Irak, en Turquía, en Colombia…
No por azar el reino de España, una caricatura del imperio que fue desarticulado en América mediante la lucha organizada de los pueblos de las colonias en el siglo XIX, pretende dos siglos después reescribir junto a las clases dominantes de nuestra América la historia heroica de los mantuanos y sus descendientes, que tanto temor le han tenido siempre a los indígenas, negros, zambos, mestizos, pobres y humildes, la sabia vital que con sus variados colores tiñe las sociedades de este lado del mundo. En concordancia con sus intereses empresariales, esa España monárquica participa activamente en la celebración oficial de la independencia que preparan las clases dominantes de estos países, para presentarse juntos como los adalides de la libertad y de la democracia, mientras auspician la penetración de las empresas y bancos españoles en todo el continente, los cuales no se distinguen precisamente por respetar ni a la gente ni a los ecosistemas.
Otra característica del pensamiento crítico que nosotros reivindicamos en esta obra estriba en pensar los cambios experimentados por el capitalismo a partir de la idea de totalidad, construyendo explicaciones que permitan entender la lógica central del capitalismo en esta fase de despliegue planetario. Casualmente, los sucesos del 11 de septiembre de 2001, demostraron la ineficacia de las teorías débiles y fragmentarias para poder explicar lo que estaba sucediendo –es decir, la imposición mundial del totalitarismo capitalista- y a partir de ese momento diversos autores rescataron la importancia de la crítica de la economía política, como eje analítico medular para entender la lógica del capital y todas sus contradicciones. Escudriñar los mecanismos actuales del sistema capitalista requiere de un esfuerzo por integrar diversos saberes que nos permitan aproximarnos al conocimiento de la forma como el capital se despliega y subordina todo lo que encuentra a su paso, incluyendo la naturaleza. Y ese esfuerzo analítico también precisa de una gran apertura mental, que no se opone a la firmeza política, para interrelacionar lo que pasa en el mundo y lo que sucede en nuestros países, a partir no de un universalismo abstracto sino de un análisis concreto que integre lo mejor del pensamiento emancipatorio universal con el legado de nuestros grandes pensadores, los que han vivido y luchado al sur del Río Bravo, y que desde el siglo XIX se han atrevido a eso, a pensar, y no simplemente a copiar y a imitar, porque como indicaba José Martí: “Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen el decoro de muchos hombres. Estos son los que se rebelan como fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos la libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana”.
Por último, una característica distintiva del pensamiento crítico radica en plantear y volver a insistir en que no se conoce por conocer sino con una finalidad política expresa de carácter emancipatorio, yendo contra las tendencias pasivas, contemplativas y conformistas. Por ello, el pensamiento crítico debe seguir acompañando las luchas de los oprimidos, aprendiendo de la historia y de la realidad de esas luchas y bosquejando salidas a la crisis civilizatoria de nuestro tiempo. Estamos convencidos de la urgencia para el pensamiento crítico de rescatar las luchas de los oprimidos y de los vencidos, porque, como decía Walter Benjamin, solamente andando con aquéllos sin esperanza no es permitida la esperanza. O como lo planteaba más cerca de nosotros José Martí: “Con los oprimidos había que hacer causa común, para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores”.
Es imprescindible recuperar la historia de las luchas de los pobres, oprimidos y explotados del continente, porque ellas son un espejo para el presente y el futuro. Las experiencias de indígenas, afro descendientes, campesinos, colonos, obreros, mujeres pobres, recorre la historia de Colombia y América Latina, como un ejemplo vivo y palpitante. Con sus sueños y expectativas han proyectado otro tipo de vida y de sociedad, con valores de igualdad, ayuda mutua, cooperación, sacrificio y entrega. Todos estos valores cobran actualidad, ante la avalancha individualista propia del capitalismo, que pregona todos los días, como características supuestamente innatas al ser humano, el egoísmo, la sed de ganancias, el aplastamiento del adversario, el fetichismo de la mercancía y del dinero.
El pensamiento crítico no parte de cero, sino que recupera una memoria de esperanza y dignidad, una evocación de las luchas anticapitalistas y antiimperialistas que se han dado a lo largo de la historia de nuestra América y que han cobrado actualidad en los últimos años en Venezuela, Bolivia, Ecuador, México, Cuba, Argentina, Colombia, Brasil y en muchos otros lugares, porque como dice el poeta Juan Gelman, con esto termino: “Llegó la muerte con su recordación/ nosotros vamos a empezar otra vez/ la lucha/ otra vez vamos a empezar/ otra vez vamos a empezar nosotros/ contra la gran derrota del mundo/ compañeritos que no terminan/ o arden en la memoria como fuegos/ otra vez/ otra vez/ otra vez/”.
______________________________________________________________________________________________________________________________
Texto íntegro leído por el Dr. Renán Vega Cantor con motivo de la entrega formal del Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2007, el día 7 de agosto de 2008 en el Teatro Teresa Carreño de la ciudad de Caracas.
www.rebelion. org/ - 25-08-2008 Agosto 2006

PREGUNTAS DE CONTROL DE ACCESO AL CONOCIMIENTO;
               
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UNA ÉTICA PARA NUESTRA AMÉRICA
Dos pueblos de América merecen ser quemados por el fuego de Dios si vienen a guerra !y por dineros! y por minas! y por cuestión de pan y bolsa!
Oh! que fuera la ira látigo que flagelase, o barrera que cercase, o palabra que ennobleciese y conmoviese al hermano traidor! Traidor a su dogma de hombre, y a su dogma de pueblo americano!
JOSÉ MARTÍ
Juramos no dar descanso a nuestro brazo ni reposo a nuestras almas hasta que hayamos liberado plenamente al pueblo de las amenazas que sobre nosotros pesan por voluntad del poder español.
"Para nosotros la patria es la América"
SIMÓN BOLÍVAR
"Si fuéramos capaces de unirnos... qué hermoso y qué cercano sería el futuro"
"CHE" GUEVARA
CONSEJOS DE DON QUIJOTE A SANCHO
Autor; Miguel de Cervantes
“Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje y no te desprecies de decir que vienes de labradores; porque viendo que no te corres, ninguno se pondrá a correrte; y préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio. […]
Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico como por entre los sollozos e importunidades del pobre. Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la Ley al delincuente; que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo.
Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia. Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún tu enemigo, aparta las mentes de tu injuria y ponlos en la verdad del caso. No te ciegue la pasión propia en la causa ajena. […]
Si alguna mujer hermosa viniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gemidos, y considera despacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu corazón en su llanto y tu bondad en sus palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones. […]
Anda despacio; habla con reposo; pero no demasiado que parezca que te escuchas a ti mismo; que toda afectación es mala. Come poco y cena más poco; que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago. Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto, ni cumple la palabra. […]
Sea moderado tu sueño; que el que no madruga con el sol, no goza del día; y advierte ¡oh Sancho!, que la diligencia es la madre de la buena ventura; y la pereza, su contraria, jamás llegó al término que pide un buen deseo.
Sé padre de las virtudes y padrastro de los vicios. No seas siempre riguroso, ni siempre blando y escoge el medio entre estos dos extremos; que en esto está el  punto de la discreción. Visita las cárceles, las carnicerías y las plazas; que la presencia del gobernador en lugares tales es de mucha importancia”.
SOBRE EL HOMBRE NUEVO
Autor; Ernesto “Ché” Guevara
Intentaré, ahora, definir al individuo, actor de ese extraño y apasionante drama que es la construcción del socialismo, en su doble existencia de ser único y miembro de la comunidad.
Creo que lo más sencillo es reconocer su calidad de no hecho, de producto no acabado. Las taras del pasado se trasladan al presente en la conciencia individual y hay que hacer un trabajo continuo para erradicarlas.
El proceso es doble, por un lado actúa la sociedad con su educación directa e indirecta, por otro, el individuo se somete a un proceso consciente de autoeducación.
La nueva sociedad en formación tiene que competir muy duramente con el pasado. Esto se hace sentir no solamente en la conciencia individual, en la que pesan los residuos de educación sistemática orientada al aislamiento del individuo, sino también por el carácter mismo de este período de transición con persistencia de las relaciones mercantiles.
La mercancía es la célula económica de la sociedad capitalista; mientras exista, sus efectos se harán sentir en la organización de la producción y, por ende, en la consciencia.
(…) en momento de peligro extremo es fácil potenciar los estímulos morales; para mantener su vigencia, es necesario el desarrollo de una consciencia en donde los valores adquieran categorías nuevas, la sociedad en su conjunto debe convertirse en una gran escuela.
En este período de construcción del socialismo podemos ver el hombre nuevo que va naciendo. Su imagen no está todavía acabada; no podría estarlo nunca, ya que el proceso marcha paralelo al desarrollo de formas económicas nuevas. Descontando aquellos cuya falta de educación los hace tener el camino solitario, a la autosatisfacción de sus ambiciones, los que dentro de este panorama de marcha conjunta tienen tendencias a caminar aislados de las masas que acompañan.
Lo importante es que los hombres van adquiriendo cada día más consciencia de la necesidad de su incorporación a la sociedad, y al mismo tiempo, de su importancia como motores de la misma. Ya no marchan completamente solos, por veredas extraviadas, hacia lejanos anhelos. (…)
El camino es largo y lleno de dificultades. A veces, por extraviar la ruta hay que retroceder; otras, por caminar demasiado aprisa, nos separamos de las masas; en ocasiones, por hacerlo lentamente sentimos el aliento cercano de los que nos pisan los talones. En nuestra ambición de revolucionarios, tratamos de caminar tan aprisa como nos sea posible, abriendo caminos, pero sabemos que tenemos que nutrimos de la masa y que esta sólo podrá avanzar más rápido si la alentamos con nuestro ejemplo.
Esa inmensa muchedumbre se ordena; su orden responde a la conciencia de la necesidad del mismo, ya no es fuerza dispersa, divisible en miles de fracciones disparadas al espacio como fragmentos  de granada, tratando de alcanzar por cualquier medio, la lucha reñida con sus iguales, una posición, algo que permita apoyo frente al futuro incierto.
PREGUNTAS DE CONTROL DE ACCESO AL CONOCIMIENTO;
3 Tomado de la carta a la revista Marcha de Uruguay, más conocida por el título: El socialismo y el hombre en Cuba. Publicamos aquí sólo algunos fragmentos. Trascribe: Marerwin Carnevali y Fidel Oliveros. Tomado de Manual del Dirigente. Gabriel González; Caracas, 2003.

Declaración de los hijos de la tierra‏
De: Pasalavoz (pasalavoz@movimientos.org)
Enviado: martes, 13 de mayo de 2008 08:38:33 p.m.
Para: pasavoz@listas.movimientos.org
Minga Informativa de Movimientos Sociales

DECLARACION DE LOS HIJOS DE LA TIERRA
Europa tiene una deuda histórica con el Abya Yala
No hay Integración sin Descolonialidad del Poder, Saber y Sentir
A los Pueblos del Mundo
A los Gobiernos de los países Andinos y Latinoamericanos
A los Gobiernos de la Unión Europea
A la Opinión Pública Internacional
REUNIDOS en el Ayllu del hermano Taulichusco, en Lima, Perú, 1,500 hermanas y hermanos de las organizaciones de los Pueblos Quechua, Aymara, Kichwa, Lafquenche, Guambiano, Toba, Colla, Poccra, Asháninka y demás Pueblos Originarios del Abya Yala (América), durante la II Cumbre Nacional y Foro Internacional Indígena, para analizar el contexto nacional e internacional y las perspectivas en que ocurre el llamado proceso hacia el “Acuerdo de Asociación Unión Europea y Comunidad Andina de Naciones” (AA UE-CAN).
REITERAMOS que en el siglo XV las grandes civilizaciones del Tawantinsuyo, Mayas, Mapuches y otras del Abya Yala, fueron cortadas violentamente en su desarrollo histórico autónomo, por los ejércitos feudales de Castilla, imponiendo el genocidio, etnocidio, fanatismo católico y destrucción de la madre tierra a través de la colonización y evangelización forzada. Esa deuda histórica, de destrucción ambiental, social, cultural y hasta espiritual, sigue pendiente, no ha sido ni reconocida ni reparada. Seis siglos después, los descendientes de Castilla, hoy la Unión Europea (UE), y los hijos de la Tierra del Abya Yala (hoy América) nos encontramos de nuevo. La actitud colonial nunca terminó de extinguirse, ya que queda aún la herida de los Pueblos Arawak sometidos como Colonia en la Guyana Francesa, y a través de las negociaciones del AA UE – CAN se pretende volver a reforzar esas viejas cadenas, bajo el comando de las Corporaciones Transnacionales y sus intereses de profundizar su enriquecimiento a través de sus negocios en la minería, petróleo, madereras, agro-combustibles, turismo, pesca, bioprospección y hasta de los servicios públicos y financieros.
AFIRMAMOS que el contexto de estas negociaciones es el de la gravísima crisis socio ambiental de la humanidad producto de las enfermedades y contradicciones congénitas de la “modernidad capitalista” que nos ha llevado a la humanidad al límite. La dictadura global de las transnacionales (privadas o estatales) avalada por sus estados centrales, ha impuesto la mercantilización de toda forma de vida y el consumismo desenfrenado y sus adicciones energéticas, tanto de hidrocarburos y ahora de agro-combustibles, que producen en forma combinada, el calentamiento global y ahora la hambruna. El AA UE-CAN no asume plenamente esta tragedia y encubre que la muerte la tenemos encima, sea por contaminación, depredación, falta de agua o de alimentos, hoy convertidos en combustibles. Asistimos a una crisis civilizatoria y falta muy poco para llegar a los fatídicos dos grados centígrados de calentamiento global donde el suicidio planetario y humano será indetenible. Y los primeros afectados, como siempre, ya venimos siendo los hijos de la Tierra, ya que nuestras comunidades no podrán sobrevivir si continúa el derretimiento de los glaciares, inundaciones, sequías, friajes y alteraciones climáticas. Fracasó la razón occidental de “explotación de la naturaleza” y el mundo necesita aprender lo que quisieron quitarnos: que los humanos somos hijos de la tierra, que ella nos cría y nosotros a ella.
AFIRMAMOS que esa crisis en la naturaleza va de la mano con la crisis del Estado Uni Nacional, impuesto como modelo para la humanidad, por la misma soberbia eurocéntrica, y que solo funciona y a medias, en los países centrales de las transnacionales, pero que ha fracasado en el resto del planeta, y mucho más en las antiguas colonias. Las repúblicas del Abya Yala se formaron con Estados organizados de espaldas y en contra de sus sociedades, lo cual continúa y se ha agravado hoy. Las constituciones se hicieron sin participación de los pueblos indígenas originarios ni afros descendientes. Los Estados Uni Nacionales y Uni Culturales y sus modelos dogmáticos y jerárquicos de economía, política y religiones, han fracasado porque desconocen y se imponen a la diversidad de pueblos, culturas, ecosistemas, saberes y espiritualidades del Abya Yala. Nuestros Estados son cada vez menos “nacionales” y “democráticos” porque se han sometido a los negociados de las corporaciones para succionar nuestros recursos naturales y humanos, y ante nuestra resistencia por defender a la Pachamama y nuestras comunidades, ante el fracaso de sus Partidos-Estado, imponen la criminalización de nuestra defensa de la Vida. “Actúen y luego piensen” ha ordenado el Presidente Alan García a la policía, luego de las decenas de muertos por hacer acciones de protesta social, expresando la descomposición y autoritarismo en que ha terminado el sueño y ha puesto el epitafio a la lápida de la ilusión del Estado Uninacional. Es la hora de nuestras alternativas : Estados Pluri Nacionales y Buen Vivir/ Vivir Mejor, para incorporar y proteger la inmensa diversidad natural, social y cultural en que habitamos, y el AA UE-CAN tampoco puede desentenderse de esta encrucijada y pretender negociar nuevas cadenas de opresión con gobiernos, partidos y políticos, que hacen lo contrario a lo que se comprometieron al ser elegidos y que están incapacitados para ofrecer garantías a cualquier compromiso sobre nuestros territorios, bosques, montañas, aguas o biodiversidad, salvo a costa de nuevos genocidios o etnocidios.
PROPONEMOS las siguientes alternativas para implementar un efectivo proceso de Descolonialidad del Poder, del Saber y Sentir, como base fundamental de cualquier nuevo “Acuerdo de Asociación” UE-CAN, es decir entre los descendientes de colonizadores y colonizados, y para no pasar de la primera a la segunda arremetida sobre nuestros territorios:
          La Unión Europea reconozca y repare la deuda histórica, ambiental, social y cultural, dejada por sus antecesores, los señores feudales de Castilla y que hoy agravan las corporaciones transnacionales.
          Construcción de Estados Plurinacionales con base comunitaria, ante el fracaso en Abya yala de los estados Uninacionales privatizadores, depredadores y criminalizadores. Los derechos colectivos son la garantía para los derechos individuales y si es posible unirlos, así como unir la democracia comunitaria, con la participativa y representativa y la Unidad en la Diversidad. Reclamar igualdad cuando la diferencia inferioriza, y diversidad cuando la “igualdad” invisibiliza.
          Construcción de sistemas sociales del “Buen Vivir/Vivir Mejor” (Sumaq Kawsay en Quechua o Sumaq Qamaña en Aymara) basados en la reciprocidad entre humanos y con la madre tierra, y no en el suicido planetario de la mercantilización de la vida.
          Respeto a nuestra protección milenaria de Territorios y Pachamama, deteniendo toda invasión extractivita (minera, hidrocarburífera, hidroeléctrica, pesquera, maderera, agro combustibles) que no haya sido consultada a los hijos de la tierra a través de nuestras comunidades. Alto a la catástrofe en el Perú con mineras encima de la mitad de 6000 comunidades andinas en las cabeceras de cuencas de agua para la costa, y petroleras en el 70% de la Amazonía y encima de más de 1000 comunidades.
          Anulación de las leyes o proyectos de ley y proyectos de supuesta “cooperación” que pretenden parcelar, individualizar, privatizar, “reforestar”, nuestros territorios comunales, con apoyo del Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo y Banco Europeo de Inversiones (a través del IIRSA) porque esa mercantilización de la Vida es la que está llevando al suicidio a la humanidad.
          Aplicación de la Declaración de la ONU y Convenio 169-OIT sobre Derechos de los Pueblos Indígenas Originarios, para respetar nuestro Derecho Mayor (distinto del eurocéntrico derecho positivo) y nuestros derechos colectivos (Territorio, Consulta, Políticas Interculturales) y nuestra identidad como Pueblos (pre existentes a los actuales Estados) como nuestra capacidad de basarnos en nuestras raíces y hermandad con la madre tierra, para poder interactuar en forma autónoma y crítica con las sociedades del mundo. No hay interculturalidad posible sin Pluri Nacionalidad Comunitaria, y mucho menos si la educación bilingüe, sigue marginal y depende de las “decisiones” de proyectos del Banco Mundial o similares. El Sistema de Saber refleja el sistema de Poder.
          Detención del proceso autoritario de criminalización y respuestas para-militares de toda defensa de nuestras comunidades, culturas y Pachamama, y que la UE comunitaria no avale, encubra o minimice aquí lo que dice respetar en sus países.
          Derechos humanos para nuestros hermanos que fueron expulsados de nuestras tierras por el neoliberalismo excluyente, y que para sobrevivir han migrado a Europa, enriqueciéndola con su trabajo y culturas. No a la xenofobia, racismo y discriminación laboral, social y cultural en Europa.
          Respeto al patrimonio intelectual, natural y cultural de nuestros pueblos, devolviendo Europa los productos culturales que se llevaron a la fuerza, y retirando de cualquier negociación el acceso a nuestros recursos biogenéticos y conocimientos tradicionales.
SOLICITAMOS que los Presidentes y delegados de la UE, CAN y de América Latina (Abya Yala) practicando en los hechos la llamada “democracia participativa” reciban a una delegación de nuestros Pueblos y Comunidades Originarios Indígenas para que les expongan nuestras preocupaciones y propuestas.
ANUNCIAMOS nuestra declaratoria de estado de alerta permanente y de movilización en defensa de los derechos de nuestros hermanos de los Pueblos Originarios Indígenas de Bolivia y Ecuador y sus propuestas de Descolonialidad de sus Estados y de reorganizaciones constitucionales a través de Estados Pluri Nacionales Comunitarios y de sistemas socio económicos del Buen Vivir. Rechazamos la violencia racista de los oligarcas de Santa Cruz y Guayaquil y sus estrategias supuestamente “regionalistas” luego que han perdido el control de gobiernos nacionales, para mantener sus privilegios como terratenientes o testaferros de transnacionales extractivitas. Rechazamos la violencia racista en Bolivia, que no aceptan ser gobernados por un Aymara, como el hermano Evo Morales, y cobardemente apalea a vendedores ambulantes, solo por ser Guarayos.
DEMANDAMOS respeto a la Vida y a la Paz en los Territorios Indígenas de Guatemala y Colombia, por cualquier fuente de violencia, venga de donde venga, y en especial la anulación del paramilitarismo avalado desde el Estado colombiano; e igualmente, el cese de la respuesta violenta del Estado chileno sobre el Pueblo Mapuche que defiende sus bosques, aguas y vidas, y que se respeten sus derechos y dialogue en lugar de perseguirlos y encarcelarlos. La UE no puede “negociar” sin deslindar claramente esos negocios de la criminalización cotidiana.
LLAMAMOS a las hermanas y hermanos de los pueblos originarios indígenas del Abya Yala a movilizarnos para encontrarnos en el Foro Social de las Américas (Octubre 2008 en Guatemala) y las Cumbres Continentales en Chile (2009) de Mujeres Indígenas y luego de Pueblos Indígenas del Abya Yala. Así mismo, profundizar nuestras alianzas con los movimientos originarios del Afrecha, Asia, Europa y Oceanía, para desarrollar nuestras propuestas de Estados Pluri Nacionales Comunitarios y Sistemas de Buen Vivir, durante el Foro Social Mundial (Belem do Pará, Enero 2009) en alianza con los movimientos de afro descendientes (recordando el Amanlá, Poder al Pueblo de los hermanos de Sudáfrica), el de las mujeres, ambientalistas, sindicatos, jóvenes, artistas y otros del mundo, así como con los luchadores por la renovación teórica, intelectual y académica, que nos han acompañado en este encuentro en Lima, como expresión del proceso de Descolonialidad del saber y conocimiento.
LLAMAMOS a sacar lecciones de los procesos de nuestros hermanos de Bolivia y Ecuador, y la necesidad de construir nuevas formas de organización política autónoma de nuestros Pueblos y Comunidades, basadas en nuestras raíces y principios de Territorialidad, Comunidad, Identidad, Reciprocidad, y dejar de ser “escaleras” para los apetitos de poder vengan de donde vengan. Ante el desencanto y fracaso de la “politiquería” criolla y eurocéntrica, es la hora de la política de los hijos de la tierra del Mandar Obedeciendo y de que la espiritualidad y la cultura se reencuentren con la política.
Por miles de años reprodujimos la Vida en el mundo y hoy el capitalismo está a punto de destruirla.
Somos los hijos de la Tierra, aves de una sola ala, que necesitamos abrazarnos para que el Cóndor y el Águila vuelvan a volar y la humanidad a soñar y sobrevivir.
Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas, CAOI
Confederación Nacional de Comunidades del Perú Afectadas por la Minería, CONACAMI
Organización Nacional Indígena de Colombia, ONIC
Confederación de Pueblos de la Nacionalidad Kichwa del Ecuador, ECUARUNARI
Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qollasuyu, CONAMAQ
Organización Nacional de Pueblos Indígenas de Argentina, ONPIA
Identidad Lafquenche
Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, CTUCSB
Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente Boliviano, CIDOB
Confederación Campesina del Perú, CCP
Confederación Nacional Agraria, CNA
Unión de Comunidades Aymara, UNCA
Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana, AIDESEP
Asociación Nacional de Maestros en Educación Bilingüe del Perú, ANAMEBI
Coordinadora Nacional de Rondas Campesinas del Perú, CONARC
Coordinadoras Regionales de Comunidades Afectadas por la Minería, de
Ancash, Pasco, Huancavelica, Ayacucho, Arequipa, Tacna, Moquegua, Puno,
Apurímac, Piura
Convergencia Maya Waqib’kej de Guatemala COPUCNA,
Ayacucho Escuela Dolores Ulcuango, Ecuador
Organización Shoshoni (Estados Unidos)
Comunidades de Sudáfrica
Comunidad Campesina de Segunda y Cajas
Comunidad Campesina de Yantla
Organización Indígena Chiquitana, OICH
Asociación Regional de Pueblos Indígenas de la Selva Central, ARPI SC
Organización Indígena de Roraima, Brasil
 Con la participación solidaria de:
Immanuel Wallerstein (Univ. Yale), Boaventura de Souza (Univ. Coimbra),
Aníbal Quijano (Univ. Binghamton), Rodrigo Montoya (Univ. San Marcos),
Edgardo Lander (Universidad de Caracas), Sylvia Marcos (Univ. Morelos),
María Lugones (Univ. Buenos Aires), Puente entre Culturas (Holanda),
CEADES (Bolivia), Cándido Grabowski y Moema Miranda (IBASE, Brasil),
Magdalena León (Foro Social de las Américas), Rafaella Bollini (ARCI, Italia), Giampero de Marzo (ASud, Ecología y Cooperación, Italia),
Consejo Indigenista Misionero del Brasil, CIMI y otros
PREGUNTAS DE CONTROL DE ACCESO AL CONOCIMIENTO;

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PROPUESTA DE MATERIALES PARA PDVSA -  OLMOS
I.          ¿Quiénes Somos? La ruta de la liberación de 1498 al 2006.
1)        15 de Agosto de 1498. Colón toca tierra firme en la Península de Paria, se inicia la conquista y colonización española.
2)        Resistencia aborigen. Cada vez que los conquistadores preguntaban a los indígenas por oro y piedras preciosas, éstos los remitían a un fabuloso país lejano, El Dorado, cuyo soberano se cubría diariamente de polvo de oro. La conquista de Venezuela fue una desesperada búsqueda de este reino de fábula. Su primera sede ilusoria fue fijada en los placeres de perlas de las Islas Margarita, Coche y Cubagua. Para explotarlas, comenzó desde el año 1500 la práctica de esclavizar indígenas, prohibida por las Leyes de Indias y condenada moralmente por religiosos como Bartolomé de Las Casas, pero universalmente aplicada.
            Por Coro buscaron desde 1509 el elusivo oro los alemanes de la casa Welser; en el Orinoco creyeron descubrir Antonio de Berrío, sir Robert Dudley y sir Walter Raleigh el mítico reino de Manoa. Ejecutado y descuartizado por sus compatriotas españoles, el Tirano Lope de Aguirre concluye en Barquisimeto la quimérica búsqueda del reino del oro iniciada en el Amazonas.
            En lugar de fabulosas riquezas, los europeos encontraron una empecinada resistencia. A diferencia de aztecas e incas, los indígenas de la zona no tenían un mando central, por lo que combatieron tribu por tribu. Dos años duró la conquista de México y la del Perú: la del territorio que hoy es Venezuela tardó más de dos siglos. El cacique Guaicaipuro, símbolo de la resistencia aborigen, perece en 1568 combatiendo a los conquistadores que un año antes han fundado Santiago de León de Caracas, futura capital del país. Todavía en 1652 el cacique Chiparapa comanda una rebelión de caribes y otomacos en el Guárico; mientras que los caribes que atacan San Cristóbal y La Grita sólo son sometidos en 1759. A medida que la resistencia se agota, los ostrales perlíferos se extinguen y las vetas áureas desaparecen. Al final los nuevos pobladores comprenden que El Dorado está en la tierra, humilde, ubicua y eterna. (1).
3)        Explotación Colonial. Finalizada la resistencia, los conquistadores establecen una sociedad agraria de castas, con los blancos provenientes de España como gobernantes y privilegiados. La tierra es propiedad de ellos en grandes latifundios a fin de cultivar para la exportación una o pocas especies: el cacao (el de Venezuela será reputado durante mucho tiempo como el mejor del mundo), el añil, el tabaco, la caña de azúcar y, desde 1790, el café. A principios del siglo XVIII Venezuela exporta cacao a México con una flota propia de 18 navíos. A partir de 1728, la Corona española atribuye el monopolio del comercio y del corso a la Compañía Guipuzcoana. Por Real Cédula del 8 de septiembre de 1777 se crea la Capitanía General de Venezuela, y se unifica bajo un solo funcionario la administración civil y militar de las provincias de Caracas, Cumaná, Guayana, Maracaibo y las islas de Margarita y Trinidad. Dirá Arístides Rojas que durante los tres siglos de la Colonia la vida se resume en tres verbos: trabajar, dormir y rezar. Y sin embargo, durante ellos se suceden las incursiones de piratas y corsarios célebres, las invasiones de flotas francesa, holandesa e inglesa, las rebeliones indígenas, los alzamientos de esclavos y las intentonas emancipadoras.
A principios del siglo XIX, en vísperas de la Independencia, de 898.000 habitantes 180.000 son blancos, 160.000 indígenas sometidos a tutela, 150.000 esclavos de origen africano, y 407.000 pardos. Porque durante los tres siglos de la Colonia, el mestizaje crea una cuarta casta: la de los pardos, surgidos de la mezcla de las otras etnias, libres de esclavitud y servidumbre pero excluidos de las milicias, del sacerdocio y de las profesiones liberales. Rápidamente se convierten en mayoría, dominan el comercio interno, las manufacturas y las artes e imparten al país su fisonomía étnica y cultural.
            Los más altos cargos políticos están reservados a la ínfima minoría de los blancos peninsulares, nacidos en España, y la metrópoli se reserva el comercio internacional mediante compañías monopolistas, como la Guipuzcoana. La oligarquía de los blancos criollos –nacidos en el país- domina instituciones representativas como los cabildos, tiene potestad para elegir alcaldes y regidores, y se prepara para autonomizarse y abrirse al comercio mundial. Mientras los esclavos esperan la libertad, los indígenas anhelan el fin de la servidumbre, y los pardos la igualación social.
4)        Las Insurrecciones. Estas tensiones sociales revientan en esporádicas insurrecciones. A lo largo de los siglos de la Colonia estallan frecuentes alzamientos de esclavos, como el del Negro Miguel en Buría en 1552; rebeliones contra el monopolio comercial de la Compañía Guipuzcoana, como las del mestizo Andrés López en 1730 y la de Juan Francisco de León en 1749; alzamientos en defensa de los fueros locales, como el de los comuneros de Mérida en 1781; rebeliones antiesclavistas, como la de José Leonardo Chirinos en Coro en 1795; conspiraciones libertarias, como la de Pedro Gual y José María España en 1797, e incursiones navales independentistas, como la del Precursor de la Independencia Francisco de Miranda por Coro en 1806.
5)        El 19 de Abril de 1810. La Primera República. Una acentuada baja en las exportaciones de cacao, que se inicia hacia 1760, precipita la descomposición del orden colonial. Aprovechando que las tropas napoleónicas deponen a los Borbones en España, representantes de la oligarquía criolla reunidos en el Cabildo de Caracas declaran la Independencia el 19 de abril de 1810: es el primer pronunciamiento independentista en el imperio español. En la Constitución de 1811 (Primera República) expresan su proyecto: una república federativa con separación de poderes, sufragio censatario (reservado a los pudientes) y esclavitud.
6)        Segunda República. No es suficiente para las aspiraciones igualitarias de pardos y esclavos. Éstos, en su mayoría apoyan inicialmente a la Corona, y precipitan el fin de la Primera República en 1812. Cuando el Libertador Simón Bolívar regresa triunfante de la Nueva Granada en la Campaña Admirable de 1813, las castas oprimidas y los lanceros del Llano siguen al asturiano José Tomás Boves, “Caudillo del Rey en Tierra Firme”, quien les ofrece reparto de bienes de los patriotas. Su irresistible caballería aniquila la Segunda República en 1814. El pronunciamiento separatista se ha convertido en guerra civil, en “guerra de colores” y en Guerra a Muerte, librada por ambas partes con inaudita ferocidad.
7)        La Guerra de Independencia. La Gran Colombia. Tercera República. Caído Boves en la batalla de Urica, José Antonio Páez logra nuclear a los magníficos Lanceros de los Llanos en torno de la causa independentista. Manuel Piar derrota a los realistas en Guayana, y el Libertador Simón Bolívar, que regresa en 1816 al mando de una fuerza expedicionaria desde Haití, ofrece el reparto de tierras a sus soldados, y la libertad a los esclavos que se incorporaran a sus filas. La adhesión de estos contingentes decide el triunfo.
            Bajo el comando supremo de Bolívar, los ejércitos patriotas vencen a las tropas de la poderosa Expedición Pacificadora de Pablo Morillo, que habían derrotado a los batallones de Bonaparte. Con milicias de pardos, esclavos liberados e indígenas rescatados de la servidumbre, Bolívar cruza los Andes y sella la independencia de la Nueva Granada en la Batalla de Boyacá (1819); la de Venezuela en Carabobo (1821); la de Ecuador en Pichincha (1822) y la de Perú y Bolivia con las batallas de Junín y Ayacucho (1824). Esta última y la de Pichincha, son genialmente dirigidas por Antonio José de Sucre, Mariscal de Ayacucho.
            El Libertador integra un vasto bloque socio-político, la Gran Colombia, con los territorios que hoy corresponden a Ecuador, Colombia, Panamá y Venezuela, bajo gobierno republicano, electivo y alternativo.
8)        Sucumbe la Gran Colombia, cae la Tercera República. Nacen los Partidos. La Guerra de Independencia devastó la economía venezolana, aniquiló un tercio de la población del país y constituyó un poder militar repartido entre infinidad de caudillos locales. Las ambiciones personales de éstos, y la escasa integración de las economías regionales, harán sentir su fuerza disgregadora en la accidentada vida nacional. José Antonio Páez da fin a la Tercera República al separar a Venezuela de la Gran Colombia en 1829, y el general venezolano Juan José Flores secesión al Ecuador en 1830. El mismo año el Libertador muere en camino al exilio. Sucumbe el magno proyecto político de la Gran Colombia.
            En Venezuela, la oligarquía colonial suspende las medidas de liberación acordadas por Bolívar, y los caudillos independentistas se apropian de las tierras asignadas por el Libertador a sus soldados. La alianza entre oligarcas comerciantes y caudillos enriquecidos integra desde 1839 el llamado Partido Conservador, partidario del liberalismo económico. En 1841, Antonio Leocadio Guzmán y Tomás Lander fundan el Partido Liberal, apoyado por terratenientes medios y sectores populares, antiesclavista, laico, igualitarista, federalista e inclinado al proteccionismo. La contienda entre ambas organizaciones llena el resto del siglo, y comprende desde el ácido debate periodístico hasta las reñidas campañas electorales y los alzamientos armados.
            La Guerra Federal. La Hegemonía Liberal. Las crisis desatadas en la dependiente economía por la baja en la exportación de sus productos propician los estallidos en esta pugna. La democracia, y por sobre todo la igualdad, serán las metas de ella. Ya en 1854, el presidente José Tadeo Monagas decreta la libertad de los esclavos, más de una década antes de que Estados Unidos adopte igual medida. La Constitución de 1858 de nuevo se adelanta a las legislaciones europeas y estadounidenses al consagrar el sufragio directo y universal: tienen derecho a elegir presidente, vicepresidente y congresistas todos los ciudadanos mayores de 21 años, sin distinción de riquezas. Salvo contadas excepciones, el sufragio universal, directo y secreto será la norma en la mayoría de las constituciones y procesos electorales siguientes.      
            La intransigencia de la oligarquía y la crisis económica causada por  la disminución de las exportaciones de cueros y de café abre paso a la Guerra Federal, que arrastra al país desde 1858. La muerte en combate del mejor caudillo liberal, Ezequiel Zamora, “el General del Pueblo Soberano”, posterga la decisión de la contienda hasta 1863, cuando oligarcas y liberales la transan en el Tratado de Coche. Un sostenido aumento en las exportaciones de café sirve de base económica para la prolongada hegemonía de Antonio Guzmán Blanco, déspota ilustrado de tinte liberal que entre 1870 y 1878 moderniza el país instalando ferrocarriles y teléfonos, construye edificios públicos monumentales, coloca a la Iglesia bajo el patronato del Estado, incluye en la legislación el matrimonio civil y decreta la educación pública, gratuita y obligatoria.       
            Otro abrupto descenso en las exportaciones cafetaleras que se inicia hacia 1887 quebranta la base económica del Partido Liberal. El intento del presidente Ignacio Andrade de perturbar las elecciones de 1897 en perjuicio del candidato general Juan Francisco Hernández desprestigia definitivamente a los liberales. La muerte en combate del defensor de Andrade, el gran caudillo Joaquín Crespo, precipita la desmoralización.
9)        La Revolución Restauradora. Dictadura de Gómez. Petróleo. 23 de Enero. Una pequeña fuerza de andinos al mando del aguerrido Cipriano Castro entra triunfalmente en la capital en 1899 e inaugura la primera de las dictaduras andinas con el pretexto de “restaurar” al Partido Liberal. Autocrático y autoritario, Cipriano Castro resiste con acérrimo nacionalismo el bloqueo conjunto que en 1902 llevan a cabo Prusia, Inglaterra e Italia para cobrar injustas reclamaciones de deuda pública; y en 1903 derrota la conjura de banqueros, caudillos regionales y compañías asfalteras llamada Revolución Libertadora. El mismo año, su compadre y lugarteniente Juan Vicente Gómez aplasta para siempre las fuerzas del caudillismo regional en la batalla de Ciudad Bolívar. 
            Cinco años más tarde, en 1908, Gómez depone a Cipriano Castro aprovechando la ausencia de éste por motivos de salud; y manda en forma despótica –a veces mediante presidentes títeres- hasta su muerte en 1935. Durante su gobierno de 27 años sella la liquidación de los caudillos rurales con la organización de un ejército nacional y la centralización del mando; abre algunas carreteras, premia a favoritos y testaferros con concesiones petroleras; y en 1930 cancela totalmente la deuda pública, perenne fuente de amenazas y vejaciones para el país.      
10)      El ascenso de la pequeña burguesía liberal democrática. A partir de 1936, a la muerte de Juan Vicente Gómez y a la apertura de las luchas políticas abiertas, la dirección del movimiento popular fue ejercida por los líderes de la pequeña burguesía liberal democrática. Debido al prestigio de los dirigentes estudiantiles, ganados por la rebeldía universitaria contra la tiranía gomecista, en 1928 (Semana del Estudiante, prisión en la Rotunda y el castillo Libertador, alzamiento militar-estudiantil), las masas populares se guiaron por los líderes más destacados de la época. En 1958, a la caída de Pérez Jiménez, se consolidó el poder de la pequeña burguesía liberal democrática, cuyos dirigentes ya habían abandonado el campo revolucionario para aliarse con los intereses extranjeros.
            El sucesor constitucional de Gómez, Eleazar López Contreras (1935 – 1941), reprime el descontento popular que estalla a la muerte del dictador, y enfrenta una huelga general de los trabajadores petroleros que dura 45 días. El presidente inmediato, Isaías Medina Angarita, concede el voto femenino y otorga total libertad para la acción de los partidos políticos, lo cual permite la legalización del Partido Comunista (activo desde 1931) y la fundación de Acción Democrática en 1941. Medina es derrocado en 1945 por un golpe militar apoyado por el partido Acción Democrática. Una agresiva propaganda populista centrada en la tradición nacional-popular y en ofertas de distribución de alimentos y bienes le otorga a este último mayoría absoluta en la Asamblea Constituyente de 1947, la cual restaura el sufragio universal, directo y secreto, extendiéndolo a los analfabetos. En las elecciones del mismo año triunfa por amplio margen el candidato de Acción Democrática, el escritor Rómulo Gallegos. 
            Un nuevo golpe lo derroca en 1948, e inicia la dictadura de una Junta Militar presidida por Carlos Delgado Chalbaud, quien es asesinado en 1951. Lo sustituye el Coronel Marcos Pérez Jiménez. Éste aplica el creciente ingreso petrolero a colosales planes de obras públicas, que cambian la fisonomía de las ciudades, pero concentran los beneficios en los gestores de la industria de la construcción. El arreglo de la crisis del Canal de Suez se traduce en un descenso de los ingresos petroleros, que agudiza el descontento de los sectores populares contra la dictadura. Ésta es derrocada por la acción conjunta de las masas y el ejército el 23 de enero de 1958.
11)      El Pacto de Punto Fijo. En 1958 las principales organizaciones partidistas, Acción Democrática, COPEI y  Unión Republicana suscriben el Pacto de Punto Fijo, mediante el cual se comprometen a presentar un programa común, limitar el debate político a la presentación de planchas y candidaturas, y excluir a los movimientos comunistas o socialistas. Durante las cuatro décadas inmediatas este acuerdo sacrifica la democracia económica y social a la rotación política de dos organizaciones partidistas.
            El presidente provisional, contralmirante Wolfgang Larrazábal, convoca el mismo año a elecciones por sufragio directo, universal y secreto, que gana el candidato de Acción Democrática, Rómulo Betancourt. Durante el régimen de éste, la crisis económica provoca un malestar social que detona un auge de masas. En 1962 el gobierno pierde la mayoría en el Congreso, e ilegaliza a los partidos de izquierda y encarcela a sus representantes electos. Los sectores radicales protagonizan una protesta insurreccional urbana y rural que se prolonga casi una década antes de ser vencida por el ejército.  En las elecciones de 1963 triunfa el candidato acción-democratista Raúl Leoni. Durante las tres décadas inmediatas, se suceden en el poder Acción Democrática (AD) y el Partido Socialcristiano (COPEI) mediante elecciones en las cuales llegan a participar más de medio centenar de organizaciones políticas. Una prolongada bonanza petrolera suaviza las tensiones surgidas de la desigualdad social y permite lanzar ambiciosos proyectos de desarrollo.
12)      La perspectiva revolucionaria de los años 60. Después de 1958, cuando los líderes de derecha de Acción Democrática se entregan a los intereses extranjeros, surgió una nueva dirección de la Revolución Venezolana. El PC, la Juventud Comunista y el MIR, unidos a los sectores revolucionarios de las Fuerzas Armadas, asumen la dirección del movimiento popular contra los gobiernos del Pacto de Punto Fijo (Betancourt-Leoni) llevaron a cabo la lucha armada entre 1960 y 1967 (Alzamiento de Carúpano y Puerto Cabello, Guerrillas UTC urbanas) y abrieron una perspectiva revolucionaria.
13)      La derrota y consecuencias. El fraccionamiento, los errores sectarios y dogmáticos, el trasplante de modelos foráneos, la falta de madurez y experiencia, ocasionaron la derrota en los años 60. A partir de la derrota, la dirección revolucionaria quedó a la deriva. Se inició un largo período de inercia política y predominio de la contrarrevolución y del oportunismo. La izquierda, desgastada por los duros reveses militares y por la perniciosa labor de los fraccionalistas, cayó en divisiones, el burocratismo y las pugnas internas. En tales condiciones dejó de representar una alternativa ante el poder de la derecha, del gran capital y de las mafias sindicales.
14)      La nueva etapa revolucionaria. En 1986 comenzó un período de formación de una nueva dirección con el despertar de las energías revolucionarias del pueblo. Para los sectores dominantes, el estallido del 27 de febrero de 1989 fue apenas un incidente circunstancial. Fueron incapaces de descubrir las fuerzas emergentes en aquellas multitudes que asaltaban los mercados. No entendieron que, detrás de los incendios y saqueos, las masas populares estaban a punto de abrir el espacio para un nuevo liderazgo de la Revolución Venezolana.
            La nueva dirección de la Revolución nació en el seno del ejército venezolano con la rebelión del 4 de febrero de 1992. Aun cuando ésta fue derrotada, sus efectos políticos comenzaron a demoler las viejas estructuras de poder.
            El 4 de febrero fue la chispa que convirtió las exigencias de cambio en una tendencia nacional. No es la primera vez que una política justa, nacida de un grupo reducido de adelantados, aparentemente solitarios e ilusos, se transforma en una fuerza capaz de decidir la historia, incluso después de una terrible derrota. Hugo Chávez Frías interpretó las demandas populares en un momento de viraje en la conciencia y voluntad del pueblo venezolano. Convirtió la bandera de la convocatoria a constituyente en una reivindicación nacional, estableció un firme y claro deslinde con la vieja política y llenó el vacío dejado por una izquierda desgarrada por las divisiones y el espíritu formal y  burocrático.
15)      El liderazgo de Chávez. A partir de 1996, después de su ruptura con las corrientes abstencionistas, Chávez pasó a ser el centro dirigente del proceso revolucionario, posición acrecentada con las victorias, la candidatura presidencial, la formación del Polo Patriótico y el ejercicio de la Presidencia de la República. La concentración del poder en el liderazgo de Chávez, en tanto que Presidente del Polo Patriótico, Presidente de la República y Comandante Supremo de la Fuerza Armada, es una particularidad de la Revolución Venezolana.
            El reconocimiento de un solo centro de poder, bajo la conducción de Chávez, es un requisito indispensable para mantener la unidad y desarrollar el proceso revolucionario. Este reconocimiento, sin embargo, no impide señalar la existencia de serias deficiencias en la dirección política principalmente debido a la ausencia de organización del pueblo y de formación ideológica. Existen deficiencias en la selección de los cuadros. (Una vez trazada una política los cuadros lo deciden todo). Existen deficiencias en el control y seguimiento de las decisiones y en la lucha contra el sabotaje y burocratismo en el seno del Gobierno.

Tomado de: “PARA COMPRENDER Y QUERER A VENEZUELA”. Luís Britto García. Biblioteca Básica Temática. Consejo Nacional de la Cultura. Caracas, 2004.
II.         El petróleo y su papel en la formación del Estado venezolano.
“... aunque poco plazca al orgullo nacional, probablemente será necesario admitir que más que una contribución a la “historia universal”, la existencia histórica de Venezuela expresaría trabajosa incorporación a la misma, reduciendo un desfasamiento (décalage) constantemente arrastrado, el cual ha disminuido  en las últimas décadas, aunque parezca paradójico, por efectos de la acentuación de la relación de dependencia”.
 “... en Venezuela aún no ha culminado el proceso de implantación, denominado corrientemente ‘descubrimiento, conquista y colonización’, iniciado hacia 1500, y ello en una extensión de aproximadamente un tercio de la superficie total del país. No se trata, pues, de una razonable porción de territorio inexplorado o marginal, como suele haberlo en muchos países. Se trata, propiamente, de que aún no se ha completado la ocupación inicial del territorio históricamente demarcado”.
“... parece posible demarcar cinco etapas o segmentos cronológicos en la historia contemporánea de Venezuela, además del período de transición hacia la época contemporánea. Dichas demarcaciones quedarían ubicadas en los siguientes límites cronológicos, aproximados: 1928 -1936 -1945 (período de transición); 1945 -1948; 1948 -1958; 1958 -1964; 1964 -1969; 1969...”. (Hasta 1977 cuando se publicó el libro. JEOA). 
 “1928 -1936 -1945. Constituye el período de transición hacia la contemporaneidad venezolana. Al intento de superar el “atraso” histórico del país, llevado a cabo durante los gobiernos del General Antonio Guzmán Blanco y de sus más o menos leales lugartenientes (1870 – 1889), le siguió una fase de estancamiento y aún de retroceso.
Los esfuerzos modernizadores, que tenían por objeto incorporar el país a la expansión del sistema capitalista mundial, no consiguieron superar el estado de casi estancamiento de la economía, basada en los productos tropicales tradicionales, perceptibles desde fines del siglo XVIII. La recuperación y el relativo crecimiento de los renglones de exportación tradicionales (un máximo de alrededor de 60.000 toneladas de café y de unas 20.000 toneladas de cacao, alcanzado en la segunda década del siglo XX), el lento crecimiento demográfico (1.784.144 habitantes en 1873, 2.411.952 en 1920 y 3.850.771 en 1941), y el escaso desarrollo manufacturero e industrial (en 1936 fueron recesadas 8.025 “empresas” con 6.700 empleados y 41.157 obreros), son los indicativos más relevantes de esta situación”.
 “Como consecuencia, Venezuela entra en el siglo XX conformada como una sociedad básicamente agraria (más del 70% de población rural), con un alto índice de analfabetismo (superior al 80%) y un incipiente desarrollo infraestructural caracterizado por el inicio de las redes ferroviaria y vial. (Caracas, principal centro urbano, contaba con 47.000 habitantes en 1870, con 92.000 en 1920 y con 203.000 en 1936)”.
Pero durante la fase de estancamiento de los esfuerzos modernizadores las estructuras nacionales recién establecidas, o apenas comenzadas a instrumentar, si bien no se desarrollaron y hasta padecieron cierto debilitamiento, no llegaron a desaparecer. (...) Puede decirse de ellos que si bien llevaron vida precaria y azarosa ofrecieron, sin embargo, la base sobre la cual fue posible lograr la concentración nacional del poder, la cual a su vez permitió aprovechar la coyuntura petrolera para consolidar, desarrollar e instrumentar mejor las incipientes estructuras nacionales formadas durante los gobiernos de Antonio Guzmán Blanco.
En este marco se sitúa el surgimiento del que rápidamente se convirtió en el factor dinámico que impulsó el desarrollo dependiente de la implantación de la sociedad venezolana: la explotación del petróleo. Iniciada en 1917 con 18.248 toneladas, ascendió en poco más de una década (1928) a 15.319.442 toneladas. El momento a partir del cual se percibe con claridad el inicio de ese proceso se sitúa alrededor de 1928, año en el cual los ingresos fiscales por concepto de explotación del petróleo superaron los provenientes de los renglones agrícolas tradicionales (café y cacao, principalmente), tomando este hecho como expresión sintética del cambio que se esbozaba.
Entre 1928 y 1936 comenzaron a tomar cuerpo los factores que habrían de conducir al trastorno primero, y a la transformación después, de las estructuras tradicionales de la sociedad venezolana, entendiendo por tales aquellas que caracterizan el final del siglo XIX. Este proceso de trastorno y transformación se diferencia esencialmente del que tuvo lugar durante los gobiernos de Antonio Guzmán Blanco por el hecho de que es la empresa extranjera la que, actuando según su propia dinámica y respondiendo a necesidades del mercado internacional, proyecta sobre el Estado y la sociedad los efectos de su gestión, prescindiendo del expreso patrocinio oficial compensatorio del riesgo de la inversión, que predominó durante el Guzmanato.
 “... terminaba así el período durante el cual la escasa población, el escuálido consumo y la precaria producción de unos pocos renglones agrícolas, hacía de Venezuela un mercado de escasa significación y la desaconsejaban como plaza de inversiones, lo que intentó modificar Guzmán Blanco, en conjunción con la Segunda Revolución Industrial que tenía lugar en Europa y Norteamérica, creando condiciones políticas, administrativas y fiscales susceptibles de atraer la inversión de capitales extranjeros, pero con pobres resultados. En cambio, se inicia ahora la constitución y consolidación del erróneamente denominado enclave petrolero, que actuará como trastornador de la estructura socio-económica tradicional por vía, sobre todo, de la irradiación a través de la distribución del gasto público, incrementado y nutrido por la renta petrolera.
La explotación del petróleo, impulsada en firme a partir de 1918 (para ese año se habían otorgado concesiones sobre más de 30 millones de hectáreas) significó un impacto de alta intensidad en la sociedad venezolana: favoreció la concentración nacional de poder al dotar a Juan Vicente Gómez de ingresos que pasaron de unos 50 millones de bolívares en 1908 a casi 200 al morir el dictador en 1935, con lo que pudo montar un eficaz aparato de dominación; trastornó el orden rural tradicional, re estimulando el proceso de urbanización y desencadenando migraciones internas que son base demográfica de la clase obrera; constituyó factor determinante del crecimiento y desarrollo de la burguesía. En contrapartida produjo la abolición real de la soberanía nacional, la vinculación absoluta del país con los intereses y dictados de las compañías petroleras norteamericanas e inglesas, y sus respectivos gobiernos, y causó profundos traumatismos en la sociedad cuyos efectos, disimulados hasta 1935 por la férrea política del dictador, afloraron a partir de 1936.
De manera concomitante se inició la formación de un proletariado asociado a la actividad minero-extractiva, más que industrial, por cuanto casi no se procesaba industrialmente el petróleo extraído en el territorio venezolano. Ese proletariado reunía en una misma generación un pasado campesino y un presente obrero, en una combinación cuyo sentido estaba dado por la condición primitiva del trabajador agrícola y por el nivel técnico-cultural del campesino. Era producto y a la vez factor del comienzo de importantes movimientos demográficos en sentido horizontal o geográfico, y de concentración de población en nuevos centros para-urbanos. Por consiguiente, sufrió alteraciones el tradicional “sistema de ciudades”, poco menos que inmutable desde fines del siglo XVIII, con excepción de las depredaciones y devastaciones bélicas. A producir estas alteraciones contribuyeron considerablemente los primeros desarrollos del sistema vial.
Pero el hecho transformador fundamental generado en conexión con la explotación del petróleo fue que la todavía incipiente burguesía, que había recibido su hasta entonces más decidido impulso durante el Guzmanato, encontró en el negocio petrolero (tráfico de influencias, negociación de concesiones, servicios, etc.), un factor de enriquecimiento cuantioso, -pese a lo reducido de la porción que escapaba a la voracidad de las compañías-, y sobre todo súbito, muy superior a los hasta entonces tradicionales (monopolios y contratos leoninos al amparo del poder político, y contrabando). De esta manera fue posible, por primera vez, que un sector de la burguesía pudiese acumular fortunas que no guardaban proporción con las preexistentes, al mismo tiempo que el crecimiento de los ingresos fiscales hacía más jugoso el peculado. Pudieron constituirse capitales que buscaron colocación en la actividad bancaria, en los proyectos urbanísticos y en una escuálida industria ligera. La ruptura del comercio internacional durante la Segunda Guerra Mundial, al configurar una demanda confinada, favoreció este proceso, que no llegó, sin embargo, a consolidar su desarrollo. No obstante, sí significó un fuerte estímulo, en comparación con lo pasado, al fortalecimiento de la burguesía y a su toma de conciencia como clase. (En 1942 se fundó Fedecámaras).
 “Se acumularon de esta manera diversos factores y estímulos que entraron en contradicción con el tono hasta entonces vigente en los órdenes social y político: se advertían claros signos de inquietud en la juventud que culminaron en los acontecimientos de 1928, con actos de rebeldía estudiantil que condujeron a la cárcel a buen número de universitarios, entre quienes figuraba la mayoría de los que habrían de regir la vida política del país a partir de 1945, aproximadamente”.
 “La estimación del significado histórico de la “generación del 28” es quizá el punto más sensible de la conciencia política y social de la pequeña burguesía venezolana, porque aquel constituye, si así puede decirse, la credencial de mérito en que se funda su creciente participación en la conducción política general del país. En este sentido se ha ideologizado al máximo, hasta componer un conjunto de valores sociopolíticos en la exaltación del cual emulan personalidades e instituciones...”.
 “El gobierno del General López Contreras nació y se desenvolvió bajo la inspiración del más manido de los principios de sociología política que forman el arsenal de las clases sociales dominantes: “el pueblo venezolano no está maduro para el ejercicio de la democracia”. Los 27 años de docencia gomecista no habían bastado para compensar esa falla estructural del pueblo, ya denunciada en 1819 por Simón Bolívar...”.
 “Para acogerse a este principio anti-popular, “inquietaba la audiencia que encontraban los nuevos políticos, desarrollo de los jóvenes de 1928, que desde el exilio traían ideas democráticas avanzadas. Impedir esta suerte de contagio fue preocupación esencial del régimen, y para ello no vaciló en emplear la represión (en 1937 fueron disueltos los nacientes partidos y exiliados 46 dirigentes políticos...), al mismo tiempo que orquestaba el culto bolivariano, configurado como ideología oficial pero también como una alternativa ideológica ofrecida a la juventud. Todo esto mientras la vida política proseguía por sus cauces tradicionales: respeto aparente de las formas republicanas y autoritario ejercicio del poder”.
Tomado de: “HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE VENEZUELA”, Bases Metodológicas. Carrera Damas, Germán. UCV, 2ª. Edición. Caracas, Venezuela, 1977.
III.        La Estrategia Bolivariana para la Transformación Social
A)        Los Cinco Equilibrios:
1.         Se ha invocado la participación protagónica del pueblo y se están instituyendo las bases del desarrollo nacional.
2.         Para superar la crisis estructural tenemos que lograr un profundo cambio estructural, y estas Líneas Generales dirigen la construcción de la nueva República.
3.         La visión del desarrollo contempla un largo plazo, que busca establecer la dirección y la profundidad de los cambios requeridos y deseados.
4.         Para operativizar estas Líneas Generales se han establecido cinco equilibrios. La práctica             de ellos se apoya en la participación protagónica de todo el pueblo sin discriminación alguna.
5.         Los cambios políticos ya generados a partir del proceso constituyente y la posterior Constitución Bolivariana hacen necesario profundizar acciones sustanciales que mejoren la calidad de vida de todos.
6.         Cumplir con estos objetivos garantizará el reconocimiento y cumplimiento de la deuda social acumulada.
7.         Es de, todos conocido, que el logro del equilibrio económico y la reactivación del aparato             productivo son requisitos para una mejor distribución del ingreso, y que un mayor ingreso             familiar y comunitario contribuye a alcanzar un equilibrio social.
8.         Pero este logro no se alcanza por sí sólo. La disminución de la inflación, la estabilidad del bolívar y de los precios petroleros y las altas reservas internacionales constituyen una             plataforma necesaria –pero no suficiente— para  alcanzar la justicia social.
9.         Lo económico afecta lo social, y a la inversa, y tal dinámica se da entre los cinco equilibrios debido a sus múltiples relaciones.  Por lo que el cambio estructural de una economía rentista a otra de tipo productivo permitirá mejorar la calidad de vida de la mayoría de los                venezolanos, en tanto se consideran los políticos, territoriales, sociales e internacionales vinculados.
10.      Este cambio se logrará a través de un gran impulso a la agricultura, la industria, el comercio, el turismo y la construcción de infraestructura, con una masiva creación de empleos, pero siempre acompañado con un mejoramiento de los niveles de educación, de salud y de      seguridad.
11.      Así el equilibrio social se orienta a corregir las enormes distorsiones de exclusión e injusticia y a potenciar la ciudadanía democrática, de forma tal que la distribución de la riqueza permita un alto grado de justicia político-económico y la erradicación de la pobreza.
12.      El adecuado uso y ocupación del territorio nos permitirá mejores condiciones para tal desarrollo.
13.      Finalmente, las nuevas realidades mundiales evidencian que el equilibrio internacional descansará en la reafirmación de la vocación integracionista del país. Por lo que se confirma             la necesidad de relaciones internacionales equitativas y mutuamente respetuosas, que intensifiquen los procesos de cooperación e inserción de Venezuela en todo el ámbito mundial, enfatizando la integración de las naciones latinoamericanas y caribeñas.
B)        Los objetivos estratégicos de la nueva etapa.
1.         Avanzar en la conformación de la Nueva Estructura Social (NESO).
2.         Articular y optimizar la Nueva Estrategia Comunicacional (NESCOM).
3.         Avanzar en la construcción del Nuevo Modelo Democrático de Participación Popular                             (NMDP).
4.         Acelerar la creación de la Nueva Institucionalidad del Aparato del Estado y Derecho (NIAE).
5.         Activar una Nueva Estrategia Integral y Eficaz Contra la Corrupción (NECC).
6.         Desarrollar la Nueva Estrategia Electoral (NELE).
7.         Acelerar la Construcción del Nuevo Modelo Productivo, rumbo a la creación del Nuevo                                    Sistema Económico (NMP).
8.         Continuar instalando la Nueva Estructura Territorial (NETE).
9.         Profundizar y acelerar la conformación de la Nueva Estrategia Militar Nacional (NEMIL).
10.      Seguir impulsando el Nuevo Sistema Multipolar Internacional     (NUSMI).
C)        El presidente Chávez anunció que serán Siete las Líneas Estratégicas del Proyecto                               Nacional Simón Bolívar, a desarrollar en los próximos 14 años, hasta el 2021.
1.         Nueva Ética Socialista.
2.         Modelo Productivo Socialista, Economía Socialista.
3.         Democracia Protagónica Revolucionaria. El Poder del Pueblo como Máximo Poder.
4.         Suprema Felicidad Social.
5.         Nueva Geopolítica Nacional (en las ciudades, en el campo, desarrollo ferrocarrilero,                               desarrollo interno).
6.         Nueva Geopolítica Internacional, Mundo Pluripolar.
7.         Venezuela Potencia Energética Mundial.
D)        Las grandes líneas transformadoras del Proyecto Nacional Simón Bolívar en lo político,                                    social, económico, militar, territorial, internacional y ético: Cinco Motores.
1er. Motor:   Ley Habilitante: Vía directa al socialismo. “Es una ley de leyes revolucionaria,                                          madre de leyes”.
2º. Motor:      Reforma Constitucional: Estado de Derecho Socialista.
3er. Motor:   Moral y Luces: Educación con valores socialistas.
4º. Motor:      La Nueva Geometría del Poder: El reordenamiento socialista de la                                                     geopolítica de la Nación.
5º. Motor:      La Explosión del Poder Popular: ¡Democracia protagónica, revolucionaria                                                y socialista!
IV.       Nuestro hilo histórico popular en la lucha por la soberanía y la libertad:
            Como nación, como pueblo, como trabajadores hemos recorrido un largo camino histórico en la lucha por la independencia, la soberanía y por la libertad en función de la felicidad de nuestro pueblo. Es una lucha de siglos en estas tierras, hasta llegar a la circunstancia extraordinaria de hoy con la revolución bolivariana y el liderazgo del Comandante Presidente Hugo Rafael Chávez Fría.
            Ha sido una lucha difícil, compleja y exigente contra el enemigo de clase y la lógica del capital imperialista en Venezuela, América Latina y el mundo. Hemos pasado por dificultades, limitaciones, luchas sociales diversas, represión y guerras, insurgencias populares y derrotas, pero sin perder la esperanza. La resistencia aborigen, la resistencia de los esclavos negros, de los pardos, campesinos sin tierra y mantuanos patriotas que en un momento marchamos juntos en la guerra de independencia contra el imperio español y entre diálogos, controversias, flechas, espadas y cañones. En la última etapa de la guerra, Simón Bolívar, el Libertador, sistematizó la experiencia de tres siglos de lucha de nuestro procerato civil y militar en sus elementos esenciales con el proyecto liberador para derrotar el imperio español y construir una sociedad distinta, un nuevo Estado y un gobierno “eminentemente popular, eminentemente justo, eminentemente moral”. Derrotamos el imperio pero no logramos instaurar la república soberana y derrotar la “esclavitud doméstica”.
            Con la muerte del Libertador y la desintegración de Colombia (Gran Colombia) se impuso con Páez el estado oligárquico–liberal y sufrimos una derrota estratégica. Con la guerra federal del 60 del siglo XIX y el liderazgo de Zamora no pudimos retomar el rumbo bolivariano. En el siglo XX con las dictaduras de Juan Vicente Gómez, Marcos Pérez Jiménez y el Puntofijismo el capitalismo se consolida con la llegada del imperialismo yanqui y la implantación del modelo minero–petrolero en Venezuela.
            Mientras tanto en Europa a mediados del siglo XIX, se agudiza la lucha contra el capitalismo. Entre burgueses y proletarios, y del seno de éstos, obreros avanzados de la Europa Occidental, dos revolucionarios intelectuales brillantes, Carlos Marx y Federico Engels en un debate serio, logran sistematizar el programa popular en el “Manifiesto” que le da coherencia a las luchas de los trabajadores y de los pueblos y desmonta el discurso ideológico del capitalismo: sus limitaciones teóricas y políticas, sus miserias, oscuridades y la naturaleza de sus crisis y además señalan la perspectiva histórica para la humanidad, el socialismo científico frente a la crisis global del capitalismo que nos conduce a la barbarie. Posteriormente con Lenin y Mao Tse-Tung, en el siglo XX, y a la luz de la experiencia revolucionaria se precisa que el capitalismo no puede existir sin imperialismo el cual es su fase superior y se define además una política global para enfrentarlo y derrotarlo en todos los órdenes (concepción de lucha de todo el pueblo).
            En síntesis con las luchas que iniciamos en 1498 con la resistencia de los aborígenes venezolanos por la soberanía, sistematizada en el programa bolivariano y con el “Manifiesto” en 1848 donde definimos el programa proletario, popular, histórico quedó claramente precisado que: “Toda la historia de la humanidad ha sido una historia de lucha de clases, de lucha entre explotadores y explotados, entre clases dominantes y clases oprimidas; que la historia de esas luchas de clases es una serie de evoluciones, que ha alcanzado en el presente un grado de tal desarrollo  en que la clase explotada y oprimida (el proletariado) no puede ya emanciparse del yugo de la clase explotadora y dominante (la burguesía) sin emancipar al mismo tiempo, y para siempre, a toda la sociedad de toda explotación, opresión, división en clases y lucha de clases”. (“Manifiesto Comunista”. Editorial “El tambor de Amalivaca”, Caracas).
            Con las definiciones teóricas y políticas del movimiento socialista mundial, se avanzó en un proceso contradictorio desde la  I, II y III Internacional Comunista con insurgencias y guerras populares y revoluciones proletarias que nos condujeron a victorias, derrotas y saldos históricos de acumulación popular de experiencias (Comuna de París de 1871, Revolución Rusa de 1917, Revolución China de 1949, Cuba, Vietnam, desplome del Bloque Soviético en 1991, Revolución Bolivariana) donde cambian las relaciones de fuerza entre el capital y el trabajo y en donde se dan movimientos de liberación nacional contra el imperialismo que contribuyen a agudizar la crisis general del capitalismo. El Capitalismo no puede existir sin imperialismo y dada la naturaleza de su crisis global, hoy no puede existir sin guerra y sin fascismo como lo evidencia la práctica histórica del imperialismo yanqui.
(Tomado del artículo “Municipio Bolivariano: Experiencia del Venezuela para el Mundo, de Fernando Soto Rojas. Periódico ALBA, marzo 2006, página 18. Caracas  - Venezuela).
V.        LA REVOLUCIÓN VENEZOLANA, UN PROCESO PROLONGADO
            La Revolución Venezolana debe ser asumida como un proceso prolongado. Esta particularidad se debe al carácter de sus objetivos y tareas, a la naturaleza de nuestro país y a la fuerza de la contrarrevolución.
            Los objetivos y tareas de la Revolución no pueden ser cumplidos en un plazo breve debido a las condiciones de atraso y dependencia del país, herencia de más de un siglo de traición de las viejas clases dominantes. Venezuela solo puede superar las carencias de sus fuerzas productivas, rescatar al 80% de su población en estado de pobreza y alcanzar altos niveles de desarrollo y prosperidad a través de un esfuerzo político, económico y cultural prolongado.
            Por otra parte, muchos de los factores de la contrarrevolución tienen un carácter estratégico y sus recursos son extensos y abundantes. (...) Se requerirá tiempo y vencer numerosas dificultades a fin de consolidar el Poder Revolucionario y derrotar a sus enemigos estratégicos.
            La naturaleza prolongada de la Revolución Venezolana determina una línea general estratégica de lucha prolongada, que consiste en:
1.         Emplear bien las fuerzas revolucionarias, saberlas “administrar”, usarlas con flexibilidad,                         economía e inteligencia.
2.         Educar política e ideológicamente a los cuadros. Prepararse moral y físicamente para una                         lucha larga, exigente y propensa a variadas alternativas.
3.         Entender que la revolución no se desarrolla nunca en línea ascendente ininterrumpida sino                         en zig-zag, en medio de flujos y reflujos, repliegues y ascensos.
4.         Evitar toda acción aventurera. Las acciones revolucionarias deben ser limitadas, útiles y                         justas.
La experiencia venezolana enseña que la etapa de la revolución se desenvuelve a través de diversos períodos. Nos guiamos por una línea general de lucha prolongada para toda la etapa, pero cada período puede ser largo o corto según las circunstancias y cada período tiene su propia estrategia y características.
            Históricamente pueden distinguirse varios períodos, a partir de 1948:
1.         1948-1958 (Pérez Jiménez), período de represión y clandestinidad que culmina con la                            huelga general y la insurrección del 23 de enero;
2.         1959-1968 (Rómulo Betancourt-Pacto de Punto Fijo), período de luchas de masas que                         culmina con la lucha armada anti-betancourista;
3.         1970-1988, período de repliegue y liquidación de la dirección revolucionaria;
4.         1989-1998 (Insurgencia espontánea de febrero 1989, rebelión del 4 de febrero y 27 de                            noviembre de 1992, derrota electoral de AD y COPEI de 1993, elección de Chávez de                                    1998), período de acumulación de fuerzas, auge de masas, desplazamiento del poder de                  AD y COPEI y surgimiento de una nueva dirección revolucionaria.    
            A partir de 1996 se pueden distinguir dos períodos:
1.         La estrategia fundamental tuvo como centro la convocatoria y reunión de la Asamblea                         Constituyente. Culmina con el referéndum y aprobación de la Constitución Bolivariana.
2.         Se caracteriza por la transición a la nueva institucionalidad. Se inicia con la relegitimación de                         las autoridades de la V República y continúa con el despliegue de los planes de                         recuperación económica.
            Durante el primer período, las tareas fueron esencialmente políticas. Las prioridades eran determinadas por el objetivo estratégico de derrotar a la vieja política y desplazarla de las posiciones claves del poder. La convocatoria y reunión de la Asamblea Nacional Constituyente y la aprobación popular de la Constitución Bolivariana restituyeron la soberanía del pueblo y echaron las bases para refundar la República.
“CARÁCTER Y TAREAS DE LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA BOLIVARIANA” de Guillermo García Ponce. Caracas, 2001.).
PREGUNTAS DE CONTROL DE ACCESO AL CONOCIMIENTO